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Castigo estimula la agresividad
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Los castigos corporales pueden inducir a los hijos a la obediencia en un momento determinado, pero a largo plazo estimulan la agresividad y los comportamientos antisociales, según un estudio de la Universidad de Columbia que aconseja a las familias evitar el uso de estas prácticas.
la investigadora Elizabeth Gershoff, del National Center for Children and Poverty, señala que las palmadas y cachetadas están asociadas con una serie de riesgos para los niños. Los padres deberían hacer todo lo posible por contenerse y usar métodos disciplinarios menos físicos y más positivos para llegar al objetivo deseado.
“Los estudios que incluí en mis análisis midieron el castigo corporal de diferentes maneras, e incluyeron diferentes tipos. Los análisis indican que cuanto más frecuentemente los padres usan el castigo físico, o cuanto más duro es el método usado, más probabilidades hay de que los niños tengan consecuencias negativas a largo plazo”.
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“Los golpes no enseñan a los niños por qué está mal lo que hicieron, ni qué deben hacer en lugar de eso. Lo que enseñan es que la fuerza física es un medio apropiado para conseguir lo que quieren, algo que en realidad no es el objetivo de los padres. Es importante que los niños conozcan las consecuencias de sus malas conductas y que se los ayude a generar maneras alternativas de comportamiento”, agrega.
Recomienda a los padres negociar con los niños qué consecuencias sufrirán si desobedecen de nuevo, y luego ser consecuentes. La disciplina significa enseñar a los niños, y los padres deben usarla no sólo cuando los hijos se portan mal, sino también recompensándolos cuando se portan bien.
El estudio de la Universidad de Columbia no es el primero que intenta evaluar las consecuencias psicológicas de los castigos corporales, pero sí es el primero que cuantifica sus efectos en once tipos de experiencias y comportamiento positivos y negativos, incluyendo algunos en la infancia (obediencia inmediata, internalización moral, calidad de la relación con los padres, abuso de parte del padre), tres en la niñez y la adultez (salud mental, agresión y conducta antisocial) y uno sólo en la adultez (abuso de sus propios hijos o esposa).
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Gershoff encontró “fuertes asociaciones” entre el castigo corporal y las once conductas y experiencias estudiadas. Diez de las asociaciones, afirmó, fueron negativas (como el aumento de la conducta antisocial en el niño) y sólo una “positiva” (el aumento de la obediencia inmediata de parte del niño).
“Esto subraya lo controvertido de la práctica. Hay un consenso general respecto de que el castigo físico es efectivo para conseguir la obediencia del niño, pero al mismo tiempo los investigadores advierten que el castigo corporal puede escalar hasta llegar al maltrato físico”, agrega la investigadora.
Gershoff advirtió sin embargo que sus estudios no implican que el niño que sufre castigo corporal se convierta necesariamente en una persona agresiva o con tendencia a la delincuencia: hay muchos factores –el tipo de maltrato, la frecuencia, su implicancia emocional- que modelan los efectos del castigo físico.
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El castigo corporal es legal en Estados Unidos, pero está prohibido en muchos países europeos. Algunas estadísticas estiman que el 94 por ciento de los padres norteamericanos castigaron al menos una vez a su hijo con una paliza, en los años de la primera infancia.
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Fuente: Boletín de noticias Unicef-Ansa, Año 4– Nº 44 Julio de 2002.
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