HOME > EMBARAZO > Parto y posparto Jueves 2 de Septiembre del 2010
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El apego: nacer entre dos miradas

Desde que los partos de trasladaron de las casas a los hospitales, el contacto inmediatamente posterior al nacimiento entre la madre y su hijo, fue postergándose. En beneficio de un minucioso control neonatal, el contacto del niño con su madre se limitó a un pequeño abrazo antes o después de haber practicado al recién nacido los exámenes de rigor.

Sin embargo, desde hace una década la vuelta alo natural y al ritual del parto normal está renaciendo. Hace 30 años fue el neonatólogo norteamericano Marshall Klauss quien definió por primera vez el apego como una instancia vital y determinante en el establecimiento del vínculo entre madre e hijo. Luego, distintos especialistas definieron el potencial comunicador presente en el recién nacido, confirmando así que es posible la comunicación efectiva entre madre e hijo desde los primeros instantes de vida.

Leche, calor y amor

Los primeros gestos de apego han sido estudiados detalladamente por el doctor Pierre Rousseau, gineco-obstetra y consejero de la Oficina de Nacimiento e Infancia de Bélgica, quien –a través de la grabación de numerosos nacimientos- ha establecido los primeros signos de comunicación entre el recién nacido y su madre.

Como señala el doctor Rousseau, presente en Chile durante el seminario internacional “El apego, un nuevo paradigma para la obstetricia y la neonatología”, organizado por los departamentos de Psiquiatría y de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina, Campus Sur, de la Universidad de Chile, “cuando el niño nace, es colocado sobre el pecho de su madre para que logre mantener su temperatura. En ese momento es capaz de reconocer su olor, así como también el de su padre. Luego, busca instintivamente la mirada de su mamá y cuando la ve a los ojos la reconoce, se tranquiliza y deja de llorar”.

Como señala el doctor Rousseau, desde el momento de nacer los niños fijan la vista a 30 centímetros de distancia, reconociendo perfectamente figuras, colores y la imagen de su madre y su padre.

Los minutos posteriores al parto son los más propicios para el apego, porque tanto la madre como el niño atraviesan por un período de gran sensibilidad denominado “de alerta”, que no se verá más en el recién nacido sino hasta pasado el primer mes de vida. La madre, luego del parto, produce en su organismo altos niveles de ocitocina, hormona conocida como del “enamoramiento”, que permite a través del contacto piel a piel, el desarrollo temprano de un acentuado instinto materno.

Luego de 20 o 30 minutos de estar juntos y guiados por sus sentidos –específicamente en este caso por el olfato- el niño busca el pecho de su madre para alimentarse, satisfaciendo así, durante los primeros momentos de vida, sus necesidades básicas a través del calor, amor y la leche de su madre.

Aunque algunos niños no buscan el pecho sino hasta 2 o 3 horas después del parto, no significa que el apego haya sido poco efectivo y es sólo muestra de que cada bebé tiene distintas necesidades básicas que satisfacer.

El apego padre e hijo

Al igual que la madre, el padre también puede vivir la experiencia del apego con sus hijos. Mónica Kimelman, psiquiatra infantil de la Universidad de Chile, señala que “el hecho de que el niño viva el proceso de apego con una figura femenina –su madre- y una masculina –su padre- es más enriquecedor y acelera el desarrollo cognitivo y psicosexual del niño”. La profesional indica que “idealmente los niños deben nacer entre dos miradas: la biomédica, compuesta por el equipo de profesionales que atiende el parto, y la parental, que viene de sus padres”.

Al respecto, el doctor Rousseau señala que numerosas experiencias demuestran que el padre puede crear con el niño un vínculo tan fuerte como el de la madre con su hijo a través del apego después del nacimiento. “Cuando los partos se dificultan, como por ejemplo después de una cesárea donde la madre ha sufrido algún tipo de complicación, el padre puede experimentar con éxito la primera experiencia de apego con el niño.

En casos en que las razones por razones de salud la madre no puede estar cerca de su hijo recién nacido durante días o semanas, es justamente él quien establece apego con el niño y análisis posteriores de estos casos, indican que los bebés se benefician tanto como si hubieran vivenciado el apego con su madre”.

Asimismo, tanto el padre como la madre pueden tener experiencias preliminares de apego con su hijo antes del parto, a través de los movimientos fetales y las ecografías. Esto aumenta el vínculo intrauterino del niño con sus padres, lo ayuda a desarrollarse mejor durante el proceso de gestación y a reconocerlos más fácilmente al momento de nacer.

Niños de apego

Además del vínculo que establece el niño con su madre, Mónica Kimelman señala que el apego seguro –como se denomina específicamente al que se vive los primeros minutos de vida- favorece la salud mental, la salud física y el desarrollo psicomotor de los niños.

Asimismo, Hugo Muñoz, pediatra y neonatólogo de la Universidad de Chile, señala que además del encuentro precoz entre madre e hijo, “el apego facilita la lactancia materna exclusiva hasta los 6 primeros meses y ha demostrado ser un factor importante en la disminución de las hospitalizaciones en los recién nacidos”.

Según los especialistas, cotidianamente las personas pueden apreciar la diferencia en las conductas de los niños que han vivido el apego seguro, respecto de los que no lo han experimentado. Los niños de apego se muestran claramente más atentos a los estímulos de sus padres, sonríen más habitualmente con ellos y con quienes los rodean, se sientan y afirman la cabeza antes que los demás niños y se comunican a través de gestos o palabras más claras y tempranamente.

Por su parte, Fernando Pinto, neurólogo infantil y presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría, indica que el apego “se relaciona directamente con el nivel de autoestima que alcanza el niño en sus primeros años de vida, lo que posteriormente lo ayudará a ser un adulto exitoso. Junto a estos beneficios, el apego establece el inicio de la relación amorosa entre la madre y su hijo, base para construir en el futuro un vínculo sano y efectivo con ella”.

Experiencias de apego en Chile

En Chile el apego se practica hace aproximadamente hace 10 años. Uno de los primeros hospitales públicos en realizar experiencias de apego fue el Hospital Barros Luco Trudeau y el hospital Clínico de la Universidad Católica, que a partir de un programa de la UNICEF fomentaron el apego madre e hijo en las salas de parto y autorizaron la presencia del padre en el pabellón.

Así como estos centros asistenciales, otros hospitales como el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, también están facilitando el apego post parto y asimismo, gran parte de las clínicas privadas.

Dada la importancia del contacto madre e hijo, el doctor René Castro, gineco-obstetra y coordinador de la Comisión Nacional de Lactancia del Ministerio de Salud, recomienda a la futura madre que si el recinto hospitalario donde se atenderá no contempla la experiencia del apego, al menos consulte con su ginecólogo o matrona acerca de la posibilidad de pasar algunos momentos con su hijo después del parto, si las condiciones del recién nacido lo permiten.

El apego posterior

Aunque lo ideal es que el apego se incorpore tempranamente en la vida, igualmente el niño lo puede vivenciar en el transcurso de los años. Como señala Mónica Kimelman, “primero nos apegamos con nuestros padres, luego a nuestra pareja y luego con nuestros hijos, por lo tanto estamos llenos de apego. Sin embargo, las experiencias de apego posteriores son más enriquecedoras si el individuo experimentó la relación primaria de apego madre e hijo”.

El apego es el primer paso para cimentar la relación que el niño y su madre irán construyendo con el tiempo. Por lo tanto, luego del primer apego la madre debe privilegiar el contacto con su hijo, tratando de compartir momentos íntimos con el bebé para comunicarle su amor a través de palabras, caricias y juegos y amamantarlo al pecho durante los 6 primeros meses de vida.

Si el contacto madre e hijo no se da en los minutos posteriores al parto, no significa que no pueda retomarse después. En este sentido, Mónica Kimelman explica que aunque el valor del apego seguro es incalculable, el apego posterior a través de estímulos de la madre hacia el niño también puede desarrollarse de manera efectiva y alcanzar un proceso de vinculación madre e hijo más feliz”.

Fuente: Extracto del artículo publicado en Revista PadresOk, abril 2002.

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