HOME > SER PADRES > A ser padres Jueves 2 de Septiembre del 2010
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Educar para la no violencia

Que los niños son más violentos y rebeldes que antes es una afirmación que, a pesar de no contar con respaldo estadístico, la comprueban diariamente padres, profesores y profesionales relacionados al tema. Rebeldía, gritos y golpes son conductas que se instalan cada vez con más frecuencia en el comportamiento de los menores.

Sin embargo, ningún niño nace con tendencia a la agresividad. Algunos tienen un temperamento más irritable que otros, pero para que eso desemboque en conductas violentas, median muchos otros factores ambientales que el menor imita y aprende. Por eso, la clave está en mirarnos a nosotros mismos y ver qué actitudes podemos cambiar para que los niños aprendan a relacionarse en forma no violenta.

Para la psicóloga de la Universidad Católica, Josefina Martínez, la situación cultural actual tiene mucho que ver en este fenómeno: “Hoy estamos enfrentados a condiciones de vida tremendamente estresantes, como la competencia desmesurada y la búsqueda del éxito a como de lugar, que implica incluso destruir al otro para ganar. Todo ello promueve el maltrato, y claramente tenemos mayores niveles de violencia que antes".

La profesional forma parte del equipo del programa Educación para la No Violencia, de la Escuela de Psicología de Universidad Católica y Fondef, cuyo objetivo es revertir el clima de violencia en las familias, comunidades escolares y en la sociedad entera, atacando también la violencia intrafamiliar y el abuso sexual de menores. Por ahora el proyecto se está aplicando en los colegios y centros de la Fundación Integra de Huechuraba, capacitando a los profesores, ya que son el nexo más directo para llegar la población infantil y sus familias.

“Si queremos realmente paliar esta problemática, no tenemos que enfocarnos únicamente en el maltrato, sino que ver la otra cara de la moneda y promover el buen trato. Esa es la base de donde parte este programa”, indica la psicóloga. La idea es mostrar a los niños que existen alternativas para resolver sus problemas de manera pacífica y constructiva, distintas a los gritos o la fuerza.

¿Seré o no un padre maltratador?

Como padres, tenemos la gran responsabilidad de generar un clima de buen trato familiar. No obstante, todos alguna vez hemos perdido la paciencia y se nos escapa un grito o una palmada. Para la especialista, lamentablemente estamos en una sociedad que valida la violencia como forma de educación y aún se mantienen creencias como “hay que tener a los niños derechitos desde el principio” o “con palabras no entienden”.

Sin embargo, hay que distinguir entre las conductas maltratadoras y ser maltratador.

Las conductas maltratadoras aisladas que se dan en el contexto de un ambiente protector, igual pueden tener un efecto negativo, pero no dañan ni traumatizan el desarrollo del menor. Es distinto cuando se transforman en algo reiterativo y se inscriben en una dinámica de maltrato. Entonces se habla de un padre maltratador.

Los niños agredidos física o psicológicamente, viven en un entorno que los hace creer que merecen ser maltratados, por lo tanto, muchas veces desarrollan conductas inadecuadas para merecerse los malos tratos de verdad, por eso pueden llegar a ser muy desafiantes y violentos.

“Aquel papá o mamá que alguna vez gritó o pegó no es un maltratador, pero sí es importante que vaya generando alternativas a estas conductas”, advierte la psicóloga.

Pero el maltrato adquiere muchas formas y los niños golpeados no son las únicas víctimas, también la sufren quienes reciben de sus padres frases descalificadoras, los que no son tomados en cuenta ni escuchados y los que son ignorados y crecen sin límites, reglas ni orientación.

Muchas veces los papás tienden a caer en la trampa de los extremos: son autoritarios y severos o dejan ser y, ninguno de estos estilos promueven el buen trato.

“En los estilos de crianza rígidos, autoritarios y castigadores, los niños tienen dificultades para desarrollar un buen trato. Por otra parte, el dejar ser absoluto, es decir, una ausencia total de autoridad, genera un caos donde se transgreden los límites personales de los otros y se genera un contexto también propicio para el maltrato”, advierte la psicóloga.

Educar en el buen trato

“La promoción del buen trato debiera estar presente desde que el niño está en el útero. Un niño que ha sido cuidado y protegido desde su gestación, cuenta con mayores posibilidades de enfrentar el mundo con seguridad y tener mejores relaciones con los otros”, explica la especialista.

Más que aplicar una receta específica, lo que realmente genera niños no violentos es el ejemplo de los padres. Si el niño ve que los adultos significativos que lo rodean –ya sea padre, madre o profesor- resuelven sus conflictos de manera constructiva y pacífica, el niño también desarrolla ese tipo de estrategia para enfrentar sus propias situaciones.

Esto se puede enseñar desde que son muy pequeños. “Los niños tienden a repetir aquellas conductas que son aceptadas por las personas que él más quiere. Cuando un niño ve que los golpes o insultos son conductas no valoradas por sus papás o profesores, va a tender a dejarlas. No implica que nunca lo haga, pero lo importante es que no formen parte de su forma habitual de relacionarse con los otros”, aclara la profesional.

El clásico ejemplo del adulto que grita a un niño para que el pequeño deje de gritar, expone claramente la estrategia equivocada, ya que lo único que se logra es mostrarle al niño que el grito es un recurso válido para resolver problemas y conseguir objetivos.

Por eso, la actitud del adulto es vital. Cuando en el entorno familiar, escolar y social se genera un clima de buen trato, es decir, un ambiente, acogedor, protector y que acepta al niño en su individualidad, el pequeño desarrolla conductas de buen trato y es capaz de relacionarse exitosamente con los demás.

Llevarlo a la práctica

“Cuando se habla de no gritar ni golpear a los niños, la gente siente que se queda sin herramientas, como que al niño ni siquiera se le puede llamar la atención y no se trata de eso, porque existen alternativas al grito y al golpe, como establecer límites claros y conocidos por todos y ser muy firmes al momento de implementarlos”, enfatiza la especialista.

Lo correcto es que el padre o madre sea una autoridad protectora, es decir, que reconozca el poder que tiene sobre el niño y lo ejerza para protegerlo y promover su desarrollo. Es disciplinar sin llegar al uso de la violencia, puesto que se valora al niño como persona.

La psicóloga aconseja que ante un comportamiento violento o inadecuado del niño es mejor imponer la regla sin dar mayores explicaciones. Pero una vez calmado, es fundamental conversar con él acerca de sus conductas, ayudándolo a reflexionar acerca de ellas, de las consecuencias que pueden tener y el impacto que causan en las demás personas.

“Más allá de decirle 'no te burles de tu hermano', es ayudarle a pensar cómo se sentirá el otro cuando le dices tal cosa o le pegas. Eso es desarrollar la capacidad de reflexión sobre sí mismo y empatía con los demás, fundamental para que los niños se relacionen desde el buen trato no por el miedo a la sanción, sino porque realmente son capaces de visualizar a los otros y reconocer sus necesidades”, detalla.

Agrega que sumarse a esta tarea es más simple de lo que se piensa. Cuando le sonreímos a un niño, cuando lo felicitamos porque hizo algo bien o le demostramos que es un ser querible, lo reconocemos como persona y hacemos una labor preventiva del maltrato mucho más importante que cualquier programa, curriculum educativo o terapia. Gestos tan simples tienen un tremendo impacto positivo.



Fuente: Josefina Martínez, psicóloga de la Universidad Católica y del Programa Educación para la No Violencia, Fondo de Fomento del Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef).

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