HOME > EMBARAZO > Antes del nacimiento Jueves 2 de Septiembre del 2010
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Síndrome de Couvade: ¡Estoy embarazado!

La historia del filipino que esperaba un bebé conmocionó al mundo en la década de los 80. El sujeto, aquejado de un malestar estomacal se hinchó a tal punto que parecía verdaderamente "embarazado". Su imagen acariciando el vientre hizo reflexionar a más de algún varón: "¿Qué se sentirá en realidad llevar en sí el milagro de la vida?"
Lo de este personaje no pasó de ser un fraude. Sin embargo, para un hombre la idea de conocer en carne propia -aunque sea un acercamiento efímero- lo que significa llevar un hijo dentro, cada vez se hace más evidente y tangible.

Juan Pablo Zúñiga San Martín, orgulloso y feliz padre de Santiago (2 años), cuenta que cuando su señora llevaba aproximadamente un mes de embarazo, él comenzó a sentir "curiosos síntomas". "Lo pasé muy mal. Al principio vomité mucho, me sentía mal del estómago, me venían como mareos y, a veces, se me iba la onda. Después me empezaron a dar ganas de comer algunas cosas que las imaginaba y se me hacía agua la boca... lo increíble es que eran cosas que a mí no me gustaban como cebollas en escabeche, con cilantro o pimentones, que son cosas que le gustan a mi esposa... y ella, ¡no sentía nada!".

Lo que le sucedió a Juan Pablo no fue un hecho aislado ni producto de su imaginación. Es el llamado Síndrome de Couvade que afecta aproximadamente a un 10 por ciento de los futuros padres en embarazos normales y a cerca de un 25 por ciento de quienes se enfrentan a un embarazo con dificultad. Sus síntomas son básicamente digestivos como náuseas, vómitos y dolor abdominal, aunque a veces puede afectar al sistema nervioso, con irritabilidad, mal humor, sueño, cefaleas y aversión por ciertos olores o alimentos.

El doctor Alfredo Germain, profesor adjunto de Obstetricia y Ginecología, especialista en medicina Materno Fetal de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Chile, advierte que la explicación a esta extraña pero no poco frecuente afección puede encontrarse en dos esferas: una meramente psicológica y otra orgánica, aunque ninguna está del todo comprobada.

En el plano psicológico, indica, "se ha observado un número mucho mayor de casos en parejas que esperan con mayor ansiedad el bebé, ya sea porque han tenido un historial de pérdidas o porque se ha demorado en llegar. También en aquellos casos que llega en forma inesperada y se vive un estado emocional intenso, respecto a lo que significa la crianza de este nuevo hijo. Pero no se puede excluir la otra posibilidad, es decir, que la mujer a través de la respiración elimine mediadores hormonales que sean percibidos por el varón. Diversos estudios realizados en algunos mamíferos e insectos han demostrado la existencia de este tipo de transmisiones hormonales por vía aérea, es decir, que al aplicar determinada sustancia a una hembra, el macho comienza a manifestar comportamientos semejantes sin mayor contacto que compartir el espacio físico. No obstante, estos estudios aún no son concluyentes al hablar de seres humanos".

Lo que sí se ha podido comprobar en el hombre durante el embarazo es un aumento en sus niveles de hormonas como estrógenos, prolactina, cortisol y testosterona, que lo predisponen a asumir la paternidad, aunque esto no se relaciona con el síndrome aquí descrito.

Un ejemplo para el primer caso es el de Juan Pablo y su esposa Cybel Salas Cisterna. Para ellos la situación era de mucha aprensión. "Estábamos declarados como infértiles. Llevábamos cuatro años de tratamiento y estábamos en la última etapa antes de la inseminación artificial". Éste era un momento único, que habían esperado con demasiada ansiedad y que, por lo mismo, querían vivir al máximo. "El ginecólogo nos dijo que era algo psicológico que a veces se daba en las parejas... pero mis náuseas eran super reales y yo andaba super nervioso. Incluso en un viaje a Argentina, me volví ‘una empanada’ de nervios antes de subir al avión, y eso que por mi trabajo estoy acostumbrado a los vuelos. Para qué decir cómo me molestaron mis familiares y amigos... mi papá y mi hermano me regalaron pañales, y ¡hasta flores!".

Hormonas: Un anuncio precoz

Un caso distinto es el de Fernando Torti. Aunque sus síntomas fueron similares a los de Juan Pablo, con náuseas, mareos, y un cansancio general, su embarazo no había sido planificado y antes que él o su esposa supieran de la existencia de ese embrión en el vientre materno, él ya había manifestado los malestares típicos de una mujer en este estado.
"Fue como una semana y media antes de saber que estaba embarazada.

Llevábamos como un mes de casados. Se me manchó la cara, tuve vómitos, desgano y un sueño enorme... Cuando supimos, se me pasaron todas las náuseas y comenzó ella, aunque las manchas me duraron como tres semanas".
Según el doctor Germain, situaciones como ésta son las que evidencian la presencia de algún receptor hormonal en los varones que permitiría detectar muy precozmente los cambios que se producen en la mujer cuando el óvulo ha sido fecundado. No obstante, el mismo Fernando se excusa, diciendo que lo suyo puede haber sido una sugestión propia de su nueva vida de casado y que coincidió con el embarazo de su señora.

"Es común que los pacientes que presentan estos síntomas se preocupen de lo que les está pasando, porque no presentan ninguna enfermedad aparente. Se rehusan a pensar que pueda ser el embarazo, porque piensan que "eso es cosa de locos" y no creen que sea posible que les esté ocurriendo lo que debiera sucederle a su señora", advierte el obstetra.

En este sentido, es importante que tanto las parejas como los profesionales relacionados con este ámbito de la medicina sepan que existe un síndrome que afecta a un grupo de varones mientras sus señoras esperan al bebé, para que no se desesperen ni piensen que algo malo está pasando.
Por lo general, una vez que se asume esta condición, los síntomas disminuyen o desaparecen y la angustia por una posible enfermedad se convierte en un sentimiento de satisfacción por la particular experiencia que están viviendo.

Sin embargo, existen casos en los cuales los síntomas persisten y se hace necesario recurrir a exámenes para descartar úlceras gástricas u otras afecciones o suministrar medicamentos como antiespasmódicos o antieméticos para combatir los dolores abdominales y las náuseas. Según el doctor Germain, se han documentado casos de intenso dolor de parto en varones, semejantes a la apendicitis que han llevado a los pacientes a ser hospitalizados de urgencia, casi al mismo tiempo que la mujer da a luz.

En el caso de Juan Pablo, la situación no llegó a tanto, pero presintió que “su” hora se acercaba. “Esa noche dormí mal... pero muy mal. Estaba muy inquieto. Desperté y le dije a Cybel que estábamos listos. Ella se largó a reír y me dijo ‘yo también lo creo’, así que nos fuimos tranquilitos al hospital. Llegamos a las 5 am y de ahí... se normalizó mi vida”, sentencia, aunque agrega entre risas, que cuando Santiago aprendió a hablar le decía “mamá”.

Como sea, lo principal es mantener la calma y disfrutar de este “privilegio” que la naturaleza les otorga a algunos papás, pues es la oportunidad de experimentar en un mínimo aspecto los cambios que trae consigo un bebé y de asumir más tempranamente el sentimiento de paternidad que suele manifestarse en forma tardía en los hombres. Además, les permite comprender mejor a sus parejas y apoyarlas con mayor convicción y tolerancia durante los meses de espera.

Fernando, a 15 años de haber pasado por esta experiencia, reflexiona: “Es algo muy bonito... es como estar embarazado y sentir que de cierta forma está aflorando ese lado femenino que todo hombre tiene. A mí me ayudó a ser mucho más partícipe del embarazo. Me enfrenté con una actitud y un pensamiento muy distinto, porque aunque sea muy subjetivamente yo ya sé lo que siente una mujer embarazada, sé que cuando dicen que andan con náuseas, que tienen asco, sueño o ganas de vomitar, es real... yo lo sentí, lo viví y creo absolutamente en eso. Puedo asegurarlo”.

Fuente: Extracto de artículo publicado en Revista PadresOk, septiembre 2003.

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