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Cada año, 162 mil niños resultan quemados en Chile, de los cuales más del ochenta por ciento tiene entre cero y cinco años. Son las aterradoras cifras que maneja la Corporación de Ayuda al Niño Quemado. Detrás de cada número, hay un menor que sufre consecuencias físicas, psicológicas y sociales, o incluso un riesgo vital. Casi siempre son accidentes domésticos ocasionados con líquidos calientes, producto de un descuido que pudo evitarse.
Las quemaduras son lesiones en la piel que se producen por contacto directo con llamas o superficies y líquidos muy calientes. También pueden provocarlas ciertos productos químicos, como la parafina. Su gravedad depende de la extensión, la profundidad y la edad del niño.
Cuando son superficiales, su curación puede ser rápida. Se les llama quemaduras de primer grado y se caracterizan por un enrojecimiento de la piel, ampollas y destrucción ligera de tejidos. La exposición desmesurada a los rayos solares también puede causar quemaduras leves.
El asunto se complica cuando son más profundas. Las intermedias se caracterizan por la destrucción total de la capa externa de la piel y parcial de la más profunda. Una quemadura de este tipo requiere rehabilitación y casi siempre deja cicatrices.
Cuando se ha destruido totalmente la piel, incluyendo las terminaciones nerviosas, se le considera de tercer grado y reviste gravedad, pues necesita injertos y rehabilitación especial. Tanto la quemadura intermedia como la de tercer grado necesitan hospitalización, especialmente la última, ya que a veces existe riesgo vital. Pueden quedar secuelas en el movimiento o en las funciones de las áreas u órganos más comprometidos.
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¿Qué hacer cuando el niño se quema?
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Lo primero es retirar al niño de la fuente de calor y vertir abundante agua fría sobre las áreas quemadas. Luego hay que retirar la ropa con mucho cuidado y volver a poner la zona afectada bajo agua fría. Por ningún motivo hay que aplicar ungüentos, aceites, talco o cualquier otra sustancia. Tampoco se deben romper las ampollas que se forman en la piel.
Por pequeña que sea la quemadura, es imprescindible llevar al menor a un centro de urgencias lo más pronto posible, especialmente si tiene menos de dos años. En el trayecto se puede cubrir con una sábana limpia.
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Cuidado en la cocina
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Cabeza, cuello, tronco y genitales son las partes del cuerpo donde el calor o el fuego puede causar daños más graves. La experiencia ha demostrado que la mayor parte de los accidentes de este tipo ocurre al mediodía y por la noche, coincidiendo con los momentos en que se prepara el almuerzo y la cena, es decir, a las horas de mayor ajetreo en una casa. Por eso hay que tener mucho cuidado en la cocina, en especial con las teteras que hierven y los líquidos calientes que puedan derramarse encima del pequeño.
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Fuentes: Corporación de Ayuda al Niño Quemado,Manual de prevención de accidentes, Clínica Alemana de Santiago, Chile
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