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Anorexia: ahora también problema de niños

“Tengo una paciente de diez años que bajó 13 kilos en poco menos de tres meses”, cuenta la doctora Carolina González, especialista en Nutriología de la Universidad Católica.

No se trata de un caso aislado. Durante los últimos años, los cuadros de anorexia nerviosa se presentan cada vez a más temprana edad. Niñas de diez o incluso ocho años llegan a las consultas médicas por este motivo.

Se trata de un trastorno alimentario complejo. Es una enfermedad psiquiátrica, en que la persona tiene miedo obsesivo a engordar, por lo que se restringe de comer.

“Mientras más joven, más grave, porque altera más el desarrollo y el crecimiento. A esta edad se está depositando calcio en los huesos, fortaleciendo los órganos y madurando el cerebro, es decir, existen una serie de factores del desarrollo que se ven afectados a un nivel en que quizás nunca pueda recuperarse, a pesar de que el trastorno sea superado a futuro”, advierte la doctora González.

No es sólo la extrema desnutrición lo que hace tan peligrosa a esta enfermedad, como lo indica la especialista, sino que también influye que muchas veces la anorexia nerviosa está acompañada por vómitos autoprovocados y uso indiscriminado de laxantes y diuréticos. Todo ello altera el equilibrio natural del organismo y produce bajas de potasio a un nivel de riesgo vital, lo que deriva en severas alteraciónes cardíacas.

Las consecuencias en muchos casos son fatales. Por eso la importancia de detectar el trastorno apenas aparece, ya que mientras antes se inicia un tratamiento, mejores son las posibilidades de superarlo y evitar complicaciones.

Culto a la imagen

Dónde buscar ayuda

Las investigaciones internacionales coinciden en que la edad en que se presenta la anorexia nerviosa es entre los 14 y 30 años, afectando principalmente a mujeres. Sin embargo, las últimas experiencias clínicas muestran que hay un claro descenso en la edad de inicio.

Lo saben en el Programa de Trastornos Alimentarios del Centro Neuropsiquiátrico de Santiago, donde algunas de las pacientes son alumnas de cuarto año básico y también han consultado varones.

La neuropsiquiatra Patricia Urrutia, especialista de este centro, indica que existe un incremento en los casos y también un descenso en las edades de las afectadas, lo que sería parte del fenómeno social del culto a la imagen y a la idealización de la delgadez: “Hay mucha exposición temprana de los niños a los medios de comunicación, en los que se presentan las figuras muy delgadas como un ideal que ellos quieren copiar. Este es un síntoma propio de la sociedad occidental, en que la imagen está asociada al prestigio y al éxito”.

Este factor repercute de manera más potente en la adolescencia, puesto que es la edad en que las personas están en la búsqueda de su identidad.

En una publicación de la Universidad Autónoma de Madrid, se señala que se ha comprobado que cuando una adolescente logra estar más delgada, consigue la admiración del resto del grupo, y se produce una especie de contagio. Incluso se apoyan unas a otras en esta obsesión. Esto sería un “efecto dominó” entre las jóvenes.

No obstante, otros factores sociales y culturales también se consideran por los especialistas. La doctora Urrutia menciona algunos, como la pérdida de la costumbre familiar de sentarse todos juntos a la mesa y el tener horarios establecidos de alimentación.

Peligros inminentes

A pesar de que en Chile no existen estadísticas concretas de la población afectada por los trastornos alimentarios, se estima en base a las cifras internacionales, que existen unos 70 mil casos de anorexia nerviosa, y otros 350 mil casos de Bulimia.

Este último también es un trastorno alimentario que ha aumentado su incidencia. Al igual que en la anorexia, la percepción de la imagen corporal está distorsionada, pero la bulímica no deja de comer, sino que pasa por periodos de restricción hasta que no aguanta más e ingiere descontroladamente gran cantidad de comida, para luego vomitar. Sin embargo, generalmente una persona bulímica no es delgada, sino que mantiene un peso relativamente normal y por eso esa enfermedad es más difícil de detectar que la anorexia.

Hay casos en que la anorexia nerviosa y la bulimia se dan en forma combinada, pero se trata de enfermedades distintas: el principal rasgo de la anorexia es dejar de comer, mientras que la bulimia se caracteriza por los llamados "atracones" de comida que la paciente parece no poder evitar.

Bulimia: síntomas y tratamiento
Anorexia: cambios psicológicos y físicos

Ambas enfermedades revisten un riesgo grave para la salud. Además de estar asociadas a trastornos psicológicos, la anorexia nerviosa puede causar osteoporosis, infertilidad, deshidratación, cardiopatías, anemia e hipotiroidismo. La Bulimia, causa erosión dental, arritmia, gastritis y esofaguitis, producto de los vómitos.

Según estudios del Centro Neuropsiquiátruico, el 20 por ciento de las pacientes muere, principalmente, víctimas de las complicaciones cardíacas que provocan estos trastornos. No obstante, los especialistas aseguran que si todos los casos fueran diagnosticados y tratados oportunamente, el cien por ciento de ellos se podría recuperar.

La tarea no es fácil, ya que las jóvenes que padecen de anorexia se encargan de ocultarlo muy bien. Algunas llevan meses evitando comer sin que nadie se dé cuenta. Así, la enfermedad se hace crónica y más difícil de erradicar. La joven ni siquiera tiene conciencia de que está enferma.

Perfil de las personas anoréxicas

Aunque aún existe discusión entre los especialistas acerca del perfil de las o los jóvenes que desarrollan anorexia nerviosa, las experiencias coinciden en que son personas que poseen un carácter obsesivo, que acaba traduciéndose en una preocupación constante por el peso y la dieta.

La anoréxica suele ser considerada una “niña modelo”, inteligente y de buenas calificaciones escolares, autocontrolada y perfeccionista, aunque extremadamente preocupada por la opinión que los demás tienen acerca de ella. Por lo general vienen de familias en que las normas y los roles son bastante rígidos, en algunos casos, sobreprotectores y con tendencia patriarcal.

La anorexia aparecería como un modo inconsciente en que el o la menor busca oponerse a un conflicto no resuelto en su entorno. También se la asocia a una dificultad para aceptar la madurez sexual y la femineidad.

Si bien, no necesariamente todas las bajas de peso abruptas corresponden a una anorexia nerviosa, es importante que los padres estén alerta a las señales que aparecen junto al trastorno. No siempre se presentan todos los síntomas en un diagnóstico, por eso, cuando los padres sospechan un hijo o hija está desarrollando un trastorno alimentario, deben llevarlo al especialista.

No es recomendable que intenten resolver el problema por si solos, ya que forzarlos a comer puede tener aún más contraindicaciones.

Las anoréxicas rechazan ser examinadas por los médicos por temor a ser descubiertas. Muchas veces la enfermedad es detectada por los ginecologos, cuando consultan por amenorrea (ausencia de menstruación). De ahí, son derivadas a psiquiátras o psicólogos. El tratamiento requiere de un equipo interdisciplinario, y en situaciones graves, es necesario hospitalizar a la paciente para que recupere peso. Sin embargo, una vez dada de alta, puede fácilmente recaer. Por eso la familia debe permanecer siempre atenta.

Fuente: doctora Carolina González, especialista en Nutriología de la Universidad Católica/ doctora Patricia Urrutia, Neuropsiquiátra del Programa de Trastornos Alimentarios del Centro Neuropsiquiátrico de Santiago

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