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El estreñimiento: ¿qué hacer cuando les cuesta hacer?
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Más que la frecuencia, lo que define a un niño con constipación -o estreñimiento- es la dificultad que presenta al defecar, explica la doctora Roxana Faúndez, gastroenteróloga infantil de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y del Hospital San Juan de Dios. Se habla de una constipación crónica cuando este síntoma se prolonga por dos o más semanas, provocando un malestar significativo en el paciente.
“Si tenemos un niño que hace todos los días, pero con mucho esfuerzo, se debe pensar que hay algún trastorno. En cambio, si el menor hace cada dos o tres días, pero sin dolor, con deposiciones blandas, que no le ocasionan malestar, eso no es constipación”, aclara.
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¿Cuántas veces debe ir al baño?
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Al establecer la frecuencia normal de movimientos intestinales por día, se debe tener en cuenta la edad del pequeño. Así, por ejemplo, en los bebés que se alimentan con lactancia materna exclusiva, en los primeros tres meses de vida, se espera un promedio de tres movimientos diarios; si es alimentado con formula, sólo dos. Los niños entre uno y tres años disminuyen su frecuencia a un promedio de un 1 ó 2 movimientos cada 24 horas y desde edad en adelante, muestran un patrón similar al del adulto, de un movimiento al día.
La doctora Roxana Faúndez señala que es común encontrarse con niños que presentan este problema como consecuencia de un cuadro febril, una infección anterior que los deshidrató, una dieta prolongada a raíz de una diarrea o incluso por el uso de ciertos medicamentos. La jornada escolar completa, asegura, ha contribuido bastante a aumentar estos casos, “porque -todos sabemos- a los niños no les gusta ocupar los baños de los colegios, entonces con estas jornadas extensas, cuando sien
ten deseos de ir, empiezan a retener”.
Con esta conducta, a largo plazo, el recto se va estirando y se va acomodando para retener masa fecal. Finalmente, cuando el menor tiene deposiciones, éstas son gruesas y duras, lo que ocasiona mucho dolor. Por lo mismo, evita ir al baño y comienza a retener, lo que a su vez disminuye la frecuencia de los movimientos intestinales, lo que se transforma en una constipación crónica.
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Otras causas de constipación
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Si bien, en la gran mayoría de los casos se trata de un problema de tipo funcional, existen ciertas condiciones que podrían hacer sospechar de un cuadro de origen orgánico, relacionado, por ejemplo, con hipotiroidismo o diabetes.
“Si cuando el niño nació hubo retraso en la eliminación del meconio más allá de las 48 horas; si las heces son de muy fino calibre, si este menor además tiene un mal crecimiento o está complicado con fiebre o vómitos con sangre; si presenta una distensión abdominal y vómitos biliosos, disminución en el tono muscular y de los reflejos de la extremidades inferiores, si tiene fatiga, bradicardia, intolerancia al frío, mal crecimiento o baja de peso, por ejemplo”; enumera la profesional. Por supuesto, ninguno de estos síntomas por sí solos son indicadores de una enfermedad de base, sin embargo son antecedentes que el pediatra debe conocer y tener en cuenta.
La doctora Roxana Faúndez señala que muchas veces, los niños con constipación tienen una dieta pobre en fibras y líquidos y, en cambio, muy rica en lácteos, en circunstancias de que la proteína de la lecha de vaca suele aumentar el estreñimiento.
Otras veces, este problema se inicia en el período de entrenamiento del control de esfinter. Si hay un entrenamiento muy coercitivo, los chicos pueden empezar a evitar ir al baño y se ocultan por los rincones para no evacuar.
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Las rutinas familiares
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En el tratamiento de la constipación, recalca, es fundamental que toda la familia participe, incluyendo al niño, dependiendo de su edad y nivel de entendimiento.
“Los menores tienen que acostumbrarse a usar el baño todos los días. En el caso de los niños con jornada escolar completa, los papás debieran levantarlos por lo menos media hora antes de lo habitual, hacerlos que tomen un desayuno -leche con avena y tutti fruti, por ejemplo- y que después se bañen y se vistan, de modo vayan al baño después de eso.
Lo que ocurre usualmente es que 5 minutos antes de irse los niños se toman la leche o se la van tomando en el furgón escolar, y cuando sienten ganas de defecar están el colegio, no tienen un baño a mano o no lo ocupan, y van inhibiendo esta función, y cuando llegan a la casa ya no tienen ganas”.
Una herramienta muy útil consiste en crearles un calendario, para que los hijos se acostumbren a usar el baño todos los días, a la misma hora, entrenando al organismo para que evacue de forma habitual.
Si se observa que la dieta normal incluye menos de cinco porciones de frutas y verduras por día, hay que aumentar su ingesta, lo mismo que la fibra, presente en cereales y pan integral.
En casos más graves puede ser necesario el uso de enemas, supositorios rectales o leche magnesia, vaselina líquida o lactulosa; esto último determinado por el pediatra.
Asimismo, es importante ofrecer a los niños un apoyo confortable cuando estén el baño. “Nadie puede hacer fuerzas con los pies colgando, muchos papás no piensan en eso. Hay que ponerle una tarima al niño pequeño para que quede cómodo. En el caso de aquellos que le tienen miedo al baño, quizás se bueno comprarles un toilet chico o una pelela”.
Es esencial mantener estas rutinas en el tiempo, ya que según señala esta profesional, las recaídas son muy altas. En efecto, hay estudios que demuestran que después de cinco años, hasta un 52% de los menores continúa con síntomas de constipación.
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¿Qué alimentos evitar?
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Especialmente el chocolate, queso, plátano, arroz y pastas. Al contrario, aumente el consumo de verduras verdes y frutas (principalmente kiwi, pera y ciruela), legumbres y líquidos.
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Fuente: artículo publicado en Revista PadresOk, octubre de 2006.
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