HOME > SALUD > Alimentación Jueves 2 de Septiembre del 2010
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Alimentación sin leche de vaca

La leche de vaca es considerada en Chile uno de los alimentos que más alergias produce en niños menores de un año. Le siguen la soya, el huevo, el trigo y el pescado, cuyas reacciones se van manifestando a medida que se introducen en la dieta.
Según el doctor Paul Harris, gastroenterólogo pediátrico de la Universidad Católica, “esta alergia la presentan niños suceptibles, es decir, con factores o genes que lo ponen en mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Normalmente los papás, un hermano, abuelo o primo de este pequeño tiene alguna manifestación alérgica, la que no necesariamente tiene relación con los alimentos, puede ser asma, rinitis, conjun
tivitis alérgica o alergias de piel”.

Efectos digestivo y en la piel

El doctor Harris sostiene que en general, hay tres tipos de síntomas. “A nivel digestivo, pueden ir desde la boca hasta el ano. Sin embargo, el más frecuente es la proctitis alérgica, una inflamación del recto,que comienza cuando el niño ingiere leche de vaca o sus derivados, o es la madre quien le traspasa las proteínas a través de la leche materna. Puede presentar diarrea, sangramiento en las deposiciones, deposiciones alteradas,
llanto, pujo y malestar generalizado”.
Otra forma clásica, según el especialista, es la enteritis alérgica, una inflamación del intestino delgado que surge a partir de los nueve meses de vida. “Es severo porque se deja de absorber alimentos, por lo tanto, además de presentar diarreas, sentirse mal y tener dolor abdominal, tienen compromiso nutricional, crecen en forma subóptima y pueden incluso presentar vómitos y otros síntomas más complejos”.
El doctor Paul Harris señala que en la mayoría de los casos el primer síntoma, que se presenta dentro de las 72 horas de ingerido el alimento que causa la reacción alérgica, es de carácter digestivo y luego pueden aparecer en el curso de la vida manifestaciones a nivel de la piel, como dermatitis atópica, urticarias en niños mayores o algunas más complejas como angiodemas. Por último, están los síntomas respiratorios -que afectan generalmente a niños mayores- como asma, rinitis, conjuntivitis. Si bien son menos frecuentes que los digestivos y cutáneos, aparecen en función de la edad, es decir, en la medida en que pasan los años si una persona es alérgica e ingiere el alimento incorrecto puede tener alteraciones respiratorias. Sin embargo, es poco frecuente en niños menores de un año”.
La situación más grave -un porcentaje muy bajo de los casos- puede implicar una reacción sistémica conocida como anafilaxia, donde se comprometen todos los sistemas. Menos grave es la hemorragia digestiva, donde se requiere hospitalizar y hacer una transfusión de sangre al menor.

Diagnóstico complejo

El especialista de la Universidad Católica sostiene que es difícil diagnosticar una alergia alimenticia, sin embargo hay tres mecanismos que se pueden utilizar. El primero se refiere a la historia clínica, es decir, tíos, padre o abuelos con algún tipo de alergia, o referencias asociadas al cuadro, por ejemplo, cuando la mamá dice: ‘cada vez que le doy leche el niño comienza con diarrea o sangramiento y cuando se la quito desaparecen los síntomas’.
El problema con la historia clínica es que la alergia es una enfermedad sobre diagnosticada, porque la gran mayoría de las personas dicen ser alérgicas. En este contexto, lo ideal es una prueba y contra prueba o test de tolerancia al alimento en cuestión, donde se evalúa qué pasa cuando el niño ingiere el alimento y cuando se le suspende.
En segundo lugar está la biopsia intestinal, que permite hacer un estudio histológico para observar las células y así apoyar el diagnóstico. Como tercera alternativa está la posibilidad de realizar distintos tipos de estudios inmunológicos, algunos de sangre y otros de piel como los tests cutáneos. “Estos exámenes están diseñados para tratar de definir la reactividad del niño a los distintos alimentos, pero su problema es que tienen un valor predictivo positivo bajo. Es tan bajo
que en general no se hacen antes del año de edad”.
En este sentido, el especialista indica que si se realiza un test cutáneo a un niño menor de un año y sale positivo a la leche de vaca, “la chance de que ese niño realmente esté enfermo es de 50%. Por lo tanto, la mitad de los niños con test cutáneo positivo no tienen la enfermedad. Esto se produce porque lo que mide el test es sensibilización al alimento y no la enfermedad. Los exámenes de sangre también tienen muy bajo valor predictivo, por eso lo más eficaz es realizar la prueba y contra prueba o test de tolerancia”.

Dieta sin leche de vaca

Según el doctor Harris, no existe ningún tratamiento médicamente satisfactorio, excepto sacar el alimento en cuestión. Por lo tanto, “se debe suspender cualquier derivado de la
leche de vaca y reemplazarla. Lo mejor es la leche materna”.
El profesional sostiene que un niño alimentado con leche materna exclusiva el máximo tiempo posible tiene menos probabilidades de desarrollar alergia a la leche de vaca. Si esto no es posible, porque la madre no pudo o porque ya suspendió este tipo de alimentación, se debe usar leches
artificiales entre las que están la de soya.
El segundo tipo de leches son las hidrolizadas, que tienen la proteína fraccionada. “La tercera alternativa son las leches de otros mamíferos, ya sea de cabra o burra, el problema es que puede producirse una reacción cruzada. Lo importante es probar y descartar alternativas”.
El tratamiento puede durar entre 3 y 5 años, depende del niño y de la gravedad de la alergia. “En este periodo se desarrolla un fenómeno inmunológico llamado tolerancia, que significa que con el paso del tiempo son capaces de tolerar nuevamente la leche de vaca”.

Fuente: Artículo publicado en Revista PadresOk, septiembre 2004.

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