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¿Dulces sueños o amargas pesadillas?

Soñar no es un privilegio de adultos o niños. La ciencia ha demostrado que los bebés también lo hacen y es probable que la vida intrauterina sea un sueño continuo y muy activo. Aunque es poco frecuente, a partir del año de vida los pequeños ya pueden tener pesadillas y terrores nocturnos. Saber cómo actuar frente a estas alteraciones es fundamental, para ayudar a los bebés que se agitan o despiertan llorando.

Ante la pregunta desde cuándo sueñan los bebés, Tomás Mesa, médico especialista del Centro del Sueño de la Pontificia Universidad Católica, señala que aunque es difícil precisarlo se piensa que los bebés sueñan ya dentro del útero. Durante esta etapa, explica, la única forma de determinar si el niño en gestación está durmiendo es cuando tiene los ojos cerrados, situación que ocurre todo el tiempo.

“En este período no se tiene vigilia y probablemente se trata de un sueño continuo, pero muy activo. Aún así -con los ojos cerrados- los bebés son capaces de realizar una serie de movimientos dentro del vientre materno de acuerdo a la edad gestacional, como chuparse el dedo, hacer gestos con la boca y succionar”, explica el pediatra. En efecto, existen evidencias electrofisiológicas que permiten inducir que el feto ya sueña mientras está en el útero, aproximadamente a partir de la semana 28 de gestación.

Posteriormente, en el recién nacido es posible detectar 'señales' más evidentes que hacen pensar que está soñando, por ejemplo, cuando sonríe o se queja mientras duerme. “Todo esto se corrobora con el examen de la actividad electroencefalográfica del niño, que va evolucionando con la edad. El electro-encefalograma de un niño de tres meses de vida se parece al de un adulto, pero con una actividad más fraccionada, y por eso se puede decir que a partir de esta edad se instalan los patrones de sueño que vamos a tener de adultos y para toda la vida”, precisa.

Por otro lado, en ese período debieran comenzar a incorporarse los hábitos de sueño que se tendrán a futuro. Antes de esa edad -3 meses- es muy variable, acota el especialista.

Primeras alteraciones del sueño

Mientras duerme, el sueño del ser humano pasa por dos etapas. La primera es el REM (Movimiento Rápido de los Ojos, sigla en inglés), más activo oníricamente, pero menos profundo. La segunda es el sueño Non REM (sin Movimiento Rápido de los Ojos), más profundo que el anterior y que suele presentarse en las primeras horas de la noche.

En el caso de un recién nacido se supone que el 60% de su sueño -de un total de 17 horas por día- es en la etapa REM. “Es cuando mueven los ojos para todos los lados y dan pequeños saltos, y es ahí donde sueñan. En general tienen mucha actividad y los ojos son un fiel reflejo de esto. El otro 40% es Non REM, un sueño más profundo”, explica Tomás Mesa.

Con el paso del tiempo, esta proporción se va revirtiendo y en los adultos sólo un 25% de su sueño -de un promedio de 8 horas- es en REM, es decir, sólo puede soñar 2 horas por noche, mucho menos que un bebé o un preescolar, por ejemplo.

Ya a partir del año es posible que los bebés presenten alteraciones del sueño. Aquellas que afectan la calidad, la cantidad o duración del dormir se denominan disomnias e incluyen tres cuadros diferentes: insomnia, hipersomnia (sueño excesivo) y alteraciones del sueño-vigilia. En tanto, aquellos fenómenos que ocurren mientras duermen se conocen como parasomnias y son las patologías del sueño más frecuentes en pediatría.

Dentro de esta última categoría se incluyen trastornos como los terrores nocturnos, las pesadillas, el bruxismo (rechinar de dientes) el sonambulismo, el cabeceo nocturno y la enuresis (emisión involuntaria de la orina). Las más frecuentes en la población infantil son los terrores nocturnos y las pesadillas.

Terrores nocturnos y pesadillas

Los terrores nocturnos, que son los fenómenos más frecuentes en lactantes y menores de dos años, se producen en el período Non REM, es decir, en el sueño más profundo y por lo mismo, muchas veces los niños ni siquiera logran despertarse y menos acordarse de lo que experimentaron en ese momento. Las pesadillas, en cambio -si aparecen- son después de las tres de la mañana, en el período REM.

“Cuando un niño tiene pesadillas podría contarlas, pero en el terror nocturno no tiene idea qué le pasó; no se acuerda”, detalla el doctor Mesa. Sin embargo, esta última alteración del sueño tiene un componente más angustiante para los padres, porque se produce en niños más pequeños, que muchas veces no pueden comunicarse verbalmente y, por otro lado, se trata de episodios mucho más violentos, aunque de corta duración. “El niño llora y tiene una expresión de miedo tremenda, y si el papá o mamá se acerca a él no obedece. En cambio, en la pesadilla los niños se calman con la presencia de los padres, porque en ese momento necesitan compañía; esa es la diferencia”, señala.

Frente a un terror nocturno este especialista recomienda apoyar al niño; acercarse, acariciarlo, pero no despertarlo. “En no más de cinco minutos se les pasa”, dice. Las pesadillas, en cambio, son de mayor duración y cuando los padres se acercan o lo tocan para tranquilizarlo, el niño se da cuenta y finalmente se despierta.

Ambos episodios obedecen a factores del día, a emociones y vivencias de su período de vigilia. De ahí la importancia de determinar si está relacionado con algún acontecimiento del día (vio demasiada televisión o jugó mucho y hasta tarde, recibió gran cantidad de estímulos, etc.), o se trata de un fenómeno que se ha vuelto recurrente en el niño, lo que amerita consultar a un especialista. "Si es muy frecuente hay que establecer qué es lo que lo está sobreestimulando en el día, cuál es el problema; el jardín infantil, la nana o la familia”.

Otra consulta frecuente de los padres sobre este tema, según cuenta Mesa, son los casos de insomnio: niños a los que les cuesta mucho dormirse o se despiertan repetidas veces en la noche. “Eso es porque el adulto no le enseñó buenos hábitos para dormir. Entonces, cuando ellos consultan, uno tiene que tener claro si es un problema de hábito, una parasomnia u otra cosa, como alteraciones genéticas, malformaciones o alguna enfermedad en que básicamente el dormir le produce proble-mas”, señala.

Alteraciones durante el día

¿Cuándo el sueño -o mal sueño- de un niño es un problema? Cuando está alterando la vida familiar o la personalidad del niño en el día, indica Mesa. “Un niño que anda decaído, irritable, muy descontrolado, muy apagado o muy desconcentrado, puede estar teniendo alteraciones del sueño”.

Una clave para evitar o prevenir que estos trastornos se produzcan, especialmente en los más pequeñitos, es detenerse a revisar cómo ha sido su día y qué factores pudieran estar perturbando sus horas de sueño, “porque tiene mucho que ver con las vivencias. Si el niño fue a un cumpleaños, acompañó a sus padres a una fiesta o tuvo su primer día de jardín es probable que duerma más excitado y que sueñe más”, aclara.

La recomendación del especialista es no desesperarse cuando el niño presente alguna de estas alteraciones. "Ir a verlos, apoyarlos, a lo mejor ponerles la mano, abrazarlos, sin despertarlos ni sacarlos de la cuna. Esperar que pase, y si se repite, consultar con el pediatra para que él determine de qué se trata y, si estima conveniente, derivarlo a un especialista. Pueden haber muchos factores, pero si no hay nada más significa que simplemente el niño se sobreestimuló", dice. Incluso, hay ciertos alimentos que pueden alterar el ciclo normal del sueño, como comidas muy condimentadas, cafeína, bebidas cola y chocolate.

Otros consejos incluyen respetar los períodos de vigilia transitorios que presentan los lactantes, no interviniendo (prender luz, ofrecer mamadera, hablarle o trasladarlo a la cama de los padres) y haciéndolos dormir de la forma más simple, sin demasiado ceremonial, ya que si despiertan durante la noche exigirán iguales actitudes. Otros fenómenos como hablar en la noche, dar pequeños saltitos o movimientos tipo tiritones en la noche, son normales en los niños y no causan ningún daño.


Fuente: Extracto del artículo publicado en revista PadresOK, agosto de 2004.

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