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Cuando no les gusta la leche: ¿Maña o intolerancia?
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La leche de vaca es un alimento fundamental en la dieta, más aún para los niños en plena etapa de crecimiento. Es la principal fuente de calcio, indispensable para la formación de huesos y dientes, y aporta otros nutrientes como proteínas, minerales y vitaminas. Ayuda al organismo a combatir las infecciones, aliviar el malestar estomacal que causan ciertos alimentos y fármacos, prevenir las caries, las úlceras pépticas, la bronquitis crónica y ciertos cánceres como el de colon, además de reducir la tensión arterial y el colesterol.
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“No me gusta la leche”
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Según la doctora Maureen Rossel, pediatra de Clínica Las Condes, el período que va entre los 3 y 5 años es típicamente de mañas. Por lo tanto, si a un niño no le gusta la leche hay que hacer varios intentos antes de recurrir a un especialista para descartar una intolerancia o alergia.
Si un preescolar no quiere tomar leche puede ser porque la mamá no hizo a tiempo el cambio de la mamadera al vaso, entonces el niño relaciona leche con mamadera y se resiste a tomar si no es en biberón. Si lo que no le gusta es el sabor de la leche, la solución puede ser agregarle algún saborizante o cereales.
Si a pesar de estos cambios definitivamente no le gusta la leche, lo recomendable es reemplazarla por otro tipo de lácteos que le aporten el calcio necesario para esta edad. La medida ideal es de 3 lácteos al día, que puede ser un yogur, postre de leche o quesillo.
La pediatra afirma que hay casos muy puntuales de niños que no les gusta le leche “porque ‘les cae mal’. Esto puede ser por intolerancia a la lactosa o por alergia a la leche de vaca. Para descartar estas alteraciones es fundamental observar la reacción cuando toma leche, si presenta síntomas como hinchazón, gases o si sólo es por maña”.
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¿Alergia o intolerancia?
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La alergia a la leche es una reacción del sistema inmunológico a las proteínas presentes en los lácteos. En cambio, la intolerancia a la lactosa es causada por la incapacidad del organismo para descomponer la lactosa, que es el azúcar de la leche. Los signos y síntomas de una alergia a la leche suelen aparecer durante la lactancia, mientras que la intolerancia a la lactosa es poco común en los primeros años de vida.
La doctora Rossel señala que si el niño se resiste a tomar leche o si los papás notan que cuando toma leche tiene náuseas, vómitos o dolor abdominal más que lo habitual, deben consultar a un especialista porque podría tratarse de una alergia. En casos de intolerancia a la lactosa el niño se hincha, hace deposiciones blandas, líquidas y más ácidas, e incluso se enrojece la región perianal. Lo aconsejable es consultar con un especialista para que realice exámenes de acidez de las deposiciones y otras pruebas para ver si se trata de intolerancia.
La alergia a la leche puede afectar al aparato digestivo así como a otros sistemas del cuerpo, como la piel y las vías respiratorias, mientras que la intole-rancia a la lactosa afecta a la digestión únicamente.
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Ni más ni menos
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La doctora Rossel afirma que en general un preescolar, con un crecimiento normal, debiera consumir entre 500 y 600 ml. de leche al día, ni más ni menos. Tanto la falta como el exceso de leche son malos. Un consumo deficiente en esta etapa de la vida tiene como consecuencia que en la edad adulta los huesos sean de menor densidad y dientes de mala calidad.
Existen también mayores probabilidades de tener una osteoporosis. Como prueba se esto, un estudio de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, concluyó que los niños que no beben leche de vaca presentan el doble de riesgo de padecer roturas óseas, frente a los que sí consumen este alimento.
Los niños ‘adictos a la leche’, en cambio, pueden dejar de ingerir otros alimentos importantes, al sentirse satisfechos con la leche que consumen. “Por eso es importante no darla en exceso, para evitar que se transforme en una forma de reemplazar otras comidas y porque además impide la absorción del fierro”, comenta la pediatra.
Entre los 3 y 5 años se recomienda que los niños consuman leche entera o semidescremada, reservando la totalmente descremada para menores con sobre peso.
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Fuente: artículo publicado en revista PadresOk, febrero de 2005.
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