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La vocación de los hijos: ¿Qué quieres hacer cuando grande?

Seguramente muchos recuerdan la frustración de Antoine de Saint Exupèry en “El Principito”, al confesar que su sueño en la vida era ser dibujante, pero que no lo pudo concretar, pues nadie de este mundo comprendía sus dibujos. Muchos más recordarán sus propias frustraciones al sentir “la voz de la experiencia” que decía “no estudies eso” o “yo siempre soñé que fueras...” Dos especialistas dan a conocer la actitud ideal para apoyar a los hijos en su toma de decisiones.

En general, los padres comienzan a hablar de vocación cuando sus hijos cursan tercero o cuarto medio. Sin embargo, el proceso de formación de habilidades se inicia mucho antes. Según Patricia Fernández, psicóloga de la Universidad de Chile, “encontrar una vocación es encontrar un hilo que está en las personas desde la infancia y que en la etapa de la adolescencia o, a veces, un poco más tarde, sólo se ‘define o madura’”.

Es muy importante que tanto los establecimientos educacionales, como las familias, estén atentos a descubrir y fomentar aquellas destrezas que destacan en los hijos y con las cuales disfrutan, ya que de esta forma les podrán brindar una mejor orientación y el apoyo necesario para clarificar sus intereses y elaborar poco a poco su proyecto vital.

En este sentido, el presidente de la Unión de Orientadores Católicos, Sergio Candia, asegura que existe una gran confusión entre la orientación vocacional, que es la orientación de la persona hacia la vida –sus proyectos y valores- y la orientación profesional, que se relaciona con la elección de una carrera o de una actividad laboral, cuando termina el colegio.

“Estamos acostumbrados a preguntar a los niños ¿qué te gustaría ‘ser’ cuando grande?, cuando lo correcto sería preguntarles ¿qué te gustaría ‘hacer’? Un individuo no ‘es’ abogado, sino que se desempeña como tal, pues además es una persona que se expresa en muchas otras dimensiones. Un simple cambio en el lenguaje puede darnos una visión completamente distinta, y no centrar todo el sentido de la vida en una profesión”.

¿Cómo descubrir su vocación?

A medida que el joven crece, tanto la familia como el colegio deben estar atentos a tres elementos básicos que permitirán una mejor orientación al momento de elegir: sus aptitudes, es decir, habilidades físicas, intelectuales y sociales; sus intereses y aspiraciones, traducidos en las cosas o actividades que lo impulsan a comprometerse e invertir su tiempo y esfuerzo; y su personalidad, que incluye su carácter, manera de ser y comportarse.

Un buen indicador de sus intereses, por ejemplo, pueden ser las actividades que el joven realiza y las notas que obtenga, de algún modo, pueden reflejar sus aptitudes. “Si tiene sólo rojos en matemáticas y quiere ser ingeniero civil, es obvio que ese no es el camino más adecuado. Pero también hay que tomar en cuenta que cuando el alumno tiene un gran interés por un área específica y una buena motivación, es capaz de superar sus limitaciones”, coinciden los profesionales. Existen también algunos test que se aplican en los colegios los cuales pueden contribuir a dar más claridad en estos puntos, siempre que quienes los evalúen los enmarquen en un contexto de conocimiento previo y de entrevistas con el joven, pues cualquier trastorno emocional, como depresiones o cuadros de ansiedad, podrían influir negativamente en los resultados.

En cuanto a la personalidad, los padres deben tener especial cuidado de otorgar a sus hijos la autonomía necesaria, “pues un chico muy inmaduro o en exceso apegado a sus padres, es muy probable que fracase en sus decisiones o le cueste mucho más tomarlas”, explica la psicóloga.

El peso de la familia

Si bien es cierto la vocación es algo personal, no se pueden evitar las influencias, porque se quiera o no, la personalidad se conforma también por el entorno, y los padres constituyen un rol fundamental.

El ejemplo más claro se observa en aquellos hogares con generaciones de ingenieros, abogados, médicos, carteros, comerciantes o cualquier otro oficio, donde indudablemente incide el ambiente. Otro caso se demuestra cuando los padres son profesionales y los hijos también sienten el deber de serlo o, por el contrario, un joven cuyos padres no tienen estudios superiores y la situación económica no alcanza para costear una carrera, tiende a no proyectarse y a bajar su rendimiento escolar generalmente en Cuarto Medio.

No presionar

Es imprescindible que todo adolescente viva un “picoteo” que le permita desarrollar sus aptitudes y así pueda optar más libremente por aquello que le apasiona.

Las actividades extraprogramáticas, clubes y, en general, el contacto y apertura hacia el mundo, le permiten al menor probar sus capacidades y descubrir con qué tipo de actividades se siente más a gusto. Mas, su decisión no siempre va a coincidir con las expectativas de los padres, como ocurre normalmente con las carreras artísticas o, a veces, las del área social.

El orientador asegura que el mejor método para evitar conflictos dista mucho de ser la imposición, sino que se debe propiciar un diálogo sobre la base de preguntas y opiniones, sin tratar de manipular sus decisiones, sino brindando elementos para una mejor evaluación. Las frases “Hijo, ¿qué quieres estudiar?”, o bien, “¿qué quieres hacer en el futuro?”, permiten al joven expresar sus inquietudes y mostrarse más dispuesto al intercambio de experiencias.

La psicóloga Fernández, por su parte, advierte que los padres no deben proyectar en el hijo sus propias frustraciones. “El ‘yo siempre quise ser...’ es una de las más peligrosas herramientas de presión, pues la vocación es parte de la persona global y depende de la identidad de cada uno”. Por ende, es fundamental que en la familia, desde muy pequeños, se respeten los gustos y decisiones de los niños, para que puedan identificar aquello que realmente les gusta, y no terminen estudiando algo por cumplir las expectativas de sus padres.

Además, se debe evitar la priorización del aspecto económico. Los papás pueden prevenir a los hijos acerca de la realidad del campo laboral de algunas carreras, pero no castrar su vocación, haciendo primar este aspecto.

La profesional cita el caso de Antoine de Saint Exupèry, en “El Principito”, donde el autor confiesa que su sueño y verdadera vocación era ser dibujante pero que como ningún adulto comprendía sus dibujos, debió dejarlo de lado.

La misión de los padres en este sentido es incentivar la búsqueda de información y la autonomía, aceptar la naturaleza de cada hijo y fomentar su autoestima. “Cada persona nace con un conjunto de características determinadas, un potencial, y va a depender del ambiente –colegio, familia, amigos y el propio involucrado- cómo se desarrolle. Para ello es fundamental conocer al joven y apoyarlo en todo lo que emprenda, dándole consejos pero sin presionarlo”, concluye la psicóloga Fernández.

Fuente: Extracto del artículo publicado en Revista PadresOk, mayo 2002.

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