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En menores de 3 años: ¡Alergia a los alimentos!
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Si bien el reflujo gastroesofágico, la gastroenteritis, las diarreas y las afecciones a la piel -como las famosas urticarias- son síntomas comunes a muchas enfermedades en los niños, no hay que descartar que se trate de una alergia alimentaria.
“A veces no se diagnostican simplemente porque no se piensa en ellas. Por eso, una primera recomendación frente a este tipo de síntomas es, al menos, pensar en la posibilidad de una alergia alimentaria, sobre todo cuando se trata de un pequeño que aunque parezca bien de peso y talla, comienza a bajar en el percentil (nivel) de crecimiento/peso en el que se mantuvo hasta ese momento”, señala la doctora María Antonieta Guzmán, inmunóloga y directora del Centro de Alergias del Hospital Clínico Universidad de Chile.
La especialista define las alergias alimentarias como una reacción de hipersensibilidad inmunológica dirigida contra algún alergeno -elemento que provoca la reacción- presente en un alimento determinado y que, por lo general, corresponden a proteínas.
En un niño con alergias, la primera exposición a un alergeno no le provoca inmediatamente una reacción alérgica, sino que estimula a su sistema inmune para que reconozca la sustancia. Sin embargo, cuando el pequeño vuelva a consumir cualquier alimento que contenga ese alergeno, los síntomas se manifestarán.
Distintos síntomas, un sólo cuadro
La doctora María Antonieta Guzmán explica que los síntomas son diversos y varían de persona a persona. “Puede producirse un reflujo gastroesofágico severo, una inflamación alérgica del esófago -esofagitis- del estómago -gastroenteritis- o de parte del intestino grueso -una enterocolitis- además de un reflujo importante, con baja de peso, rechazo alimentario, diarreas y anemias”.
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Además de afectar el tubo digestivo, estas alergias pueden manifestarse en la piel del pequeño. “Por ejemplo, a través del empeoramiento de una dermatitis atópica, que suele darse en los niños alérgicos, que tienen la piel seca, con pliegues que se resecan, irritan y a veces se sobreinfectan. Son esos típicos chicos que pasan rascándose”, asegura la profesional.
La urticaria y diversas erupciones cutáneas también son manifestaciones comunes en este cuadro. Sin embargo, el caso más grave es la anafilaxia, una reacción inmediata y generalizada del organismo. “La persona, tras consumir el producto con el alergeno, se enroncha por completo y puede tener un bronco-espasmo, es decir, una crisis de asma intensa”, explica.
Mientras que estas manifestaciones suelen ser inmediatas, los síntomas digestivos son más tardíos, es decir, aparecen dos o tres días después que el niño consumió al alimento.
Buen pronóstico
Entre un 6 y 8% de la población general presenta alergias alimentarias, cifra que baja al 1% ó 2% en los adultos. “Sin embargo, entre los niños con dermatitis alérgica, hasta un 40% puede ser alérgico a uno o más alimentos que le agraven el problema de la piel”, acota la especialista.
Por lo general, este cuadro se da en pequeños con antecedentes familiares -padres, hermanos- de alergias de diversos tipos. También puede producirse por un problema de inmadurez intestinal, que en la mayoría de los casos se resuelve con el paso del tiempo.
“Estos son los pacientes que tienden a mejorarse a medida que crecen y su intestino madura. Se han hecho seguimientos que demuestran que un 87% de los niños alérgicos en su época de lactantes se mejoran a los tres años de edad y a los 15 años, un 97% se ha mejorado”, precisa la inmunóloga.
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El 3% restante sigue siendo alérgico en la adolescencia y probablemente en la adultez. “Las alergias de los adultos son más difíciles de destruir por las encimas y por la acidez gástrica del tracto digestivo. Se trata de alergenos que tampoco se destruyen con la cocción, como los que hay en el maní, los mariscos y pescados. Esas alergias en el adulto son definitivas, a diferencia de lo que ocurre en los niños”, explica.
Mejor prevenir
Si se sospecha que un alimento está provocando una reacción alérgica, se debe suspender su consumo al menos hasta que su estómago esté maduro y logre tolerarlo. Asimismo, es conveniente acudir a un especialista, quien puede confirmar un diagnóstico.
“Ello se puede hacer a través de las pruebas de sangre, de provocación controlada y test cutáneos, es decir, darle al niño una pequeña porción del alimento para ver si su intestino ha madurado. Pero para eso hay que dejar de pasar meses, a veces años”, sostiene la inmunóloga.
Aquellas parejas que ya han tenido un hijo alérgico, deben estar en alerta para prevenir este cuadro en los hijos posteriores. Una forma de hacerlo es utilizando fórmulas hidrolizadas, según recomiende el pediatra. “En esos productos, la proteína de la leche no está entera, sino que está cortada en pedazos más pequeños y, por
lo tanto, es menos alergénica”, añade.
Otra forma de prevenir es mantener la lactancia materna exclusiva por seis meses al menos, evitar la introducción demasiado precoz de ciertos alimentos en la dieta del hijo y luego, hacerlo en forma paulatina. Lo ideal es que sea un producto por vez, dejando pasar un par de días para evaluar su reacción. Los mariscos, por ejemplo, no deberían incorporarse a la alimentación regular antes de los tres años de edad.
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Artículo publicado en Revista PadresOk, noviembre 2007.
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