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¡Su primer diente! Un nuevo brillo en su sonrisa.
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La aparición de los primeros dientes es un suceso que produce gran emoción en los padres, ya que significa un paso más en el crecimiento de su hijo. Y aunque esas primeras joyitas sean temporales o "de leche", de sus cuidados dependerá la futura salud bucal del pequeño.
A partir de los 5 ó 6 meses, es común que comiencen a aparecer los primeros dientes. Primero, dos manchitas blancas se asoman tímidas al centro de la encía inferior. Un mes después, salen los cuatro incisivos superiores, y un mes más tarde los dos incisivos inferiores laterales, conformando una hermosa sonrisa de 8 dientes, que a los 2 años, habrá alcanzado 16 piezas dentales.
Sin embargo, este proceso es muy relativo y puede variar considerablemente entre un niño y otro. El doctor Stefan Hosiasson, pediatra de Clínica Las Condes, señala que aunque lo anterior representa los casos más frecuentes, también es muy común y normal que algunos niños comiencen su dentición un poco más tarde, incluso al año y medio. "Esto no debe angustiar a los padres, ya que no influye en la normal alimentación del lactante y no implica una mejor o peor calidad de la dentadura”, señala el especialista.
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Derribando mitos
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Respecto a los síntomas que rodean la aparición de los primeros dientes, el doctor Hosiasson advierte que se han creado muchos mitos. Se dice, por ejemplo, que la salida de los dientes provoca fiebre, disminución del apetito, diarrea y grandes dolores, lo que no concuerda necesariamente con la realidad y se debe, por lo general, a otras causas.
Por el contrario, según explica el pediatra, "para la mayoría de los niños el proceso de dentición no es tan incómodo, salvo por la picazón o, en algunos casos, el dolor que provoca una inflamación. Incluso, muchos padres se sorprenden en el control médico de que su hijo tenga dientes, pues no había manifestado ningún síntoma en forma evidente".
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Picazón y mal humor
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Una de las señales más característica de la aparición de los primeros dientes es el aumento de salivación, y la tendencia del pequeño a introducir sus manos u otro objeto constantemente a la boca, para aliviar la picazón que a veces puede ponerlo de mal humor.
En este sentido, el doctor Hossiason recomienda facilitarle al niño un anillo de goma dura -los cuales abundan en el mercado, con distintas formas, texturas y tamaños- evitando aquellos que se congelan, pues podrían causar más molestias debido al frío extremo y su dureza.
Asimismo, indica que es bueno masajear las encías del pequeño introduciendo en su boca un dedo limpio o un trozo de gasa pasándolo por la encía inflamada, en forma de pequeña fricción.
En cuanto a los anestésicos locales, no se recomienda su uso, especialmente en niños muy pequeños ya que podrían tragarlo, lo que alteraría su coordinación normal de succión-deglución, pudiendo, eventualmente, atorarse. Además, el efecto es de corta duración, entre 10 y 15 minutos, y no se puede volver a suministrar en un periodo de 4 horas.
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Cuidados de los dientes
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Los dientes de leche tienen como misión preparar el espacio donde finalmente se posicionarán los definitivos, por lo que una infección profunda podría repercutir en el normal desarrollo de la dentadura adulta.
Y aunque existe una predisposición genética respecto a la resistencia o debilidad frente a las caries, influye la alimentación y los cuidados que se tengan. De ahí que el aseo precoz, una dieta baja en azúcares y un control adecuado con el dentista, cobran gran relevancia.
Algunos recomiendan iniciar el aseo bucal desde el momento del nacimiento, pasando una gasa por las encías una vez al día. No obstante, lo más recomendado es que cuando aparezcan los primeros dientes se haga de la limpieza una rutina, ya sea con un cepillo suave o una gasa, sin pasta dental.
El movimiento debe ser circular, enfocado en la encía y la unión con el diente y no necesariamente enérgico, sino repetido. Lo ideal es hacerlo unas dos veces al día.
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Leche v/s sueño
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Una de las principales causas de caries en niños pequeños, se relaciona con la mala costumbre de hacer que el niño se duerma con la mamadera.
Según los especialistas, esta costumbre debe evitarse al máximo, sobre todo si a la leche se le agrega azúcar en forma adicional, ya que al dormir el niño no traga saliva y acumula todos los residuos, creando las condiciones propicias para el desarrollo de bacterias.
Si los padres quieren prevenir este riesgo y comienzan a instaurar el rito del cepillado nocturno desde un comienzo, será más fácil hacer de ello una rutina que, a la larga, puede ser la mejor herramienta preventiva
para la salud bucal de los niños.
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Fuente: Extracto de artículo Revista PadresOk, marzo 2003.
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