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Cómo hablar con los niños sobre los desastres naturales
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Hoy las consecuencias del terremoto y tsunami son informaciones recurrentes en noticiarios de televisión, radio y diarios. Y si para los adultos es una situación que cuesta asumir, ¿cómo perciben los niños y adolescentes los conflictos armados, y cómo explicárselos?
A juicio de los especialistas, ello depende de cómo los adultos enfrenten la situación y de la información que entreguen a los menores. Los niños están expuestos por la televisión, los diarios y los comentarios con sus compañeros, por lo que es necesario que como adultos les expliquemos lo sucedido sin evadir el tema, pues de lo contrario los dejaríamos expuestos a sus fantasías.
Cómo hablar del tema
Antes de iniciar una conversación, lo ideal es indagar qué sabe, siente y cómo el niño se explica los hechos. A partir de eso, es necesario contextualizar la información, mostrándoles dónde sucedió el hecho -ojalá con un mapa.
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Es probable que los niños se pregunten el por qué de lo que pasó. Se recomienda tranquilizarlos diciéndoles que esto ya ocurrió, que todo lo que va a venir son réplicas y que en algún momento puede ocurrir un terremoto, un tsunami o una erupción volcánica para que los niños vayan aprendiendo desde ya como enfrentar esto. Eso sí, no es conveniente que vean los noticieros, pues su ansiedad y angustia puede aumentar.
También es recomendable devolverles la sensación de control y disminuir la incertidumbre, señalándoles que pese a que hubo un problema que afectó a muchas personas, los heridos se están sanando en hospitales, se recogen los escombros y se busca reestablecer la normalidad.
Una buena opción de ordenar sus emociones y percepciones, como la impotencia, es que los padres planteen el tema en las conversaciones familiares e incentiven a sus hijos a plasmar los sentimientos de solidaridad en cartas o dibujos que pueden enviar a los afectados.
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Etapas del desarrollo
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Aunque los adultos en ocasiones pensamos que los niños viven ajenos a hechos de esta magnitud, ellos son capaces de comprenderlos de acuerdo a la etapa del desarrollo en que se encuentran.
Hasta los 5 años, los pequeños no distinguen mucho la fantasía de la realidad, por lo que debe entregarles respuestas simples hasta que surja una nueva inquietud.
Entre los 6 y los 11 años, el razonamiento del niño es más concreto y, por tanto, necesita explicaciones más relacionadas con realidad que está viviendo.
Los niños mayores de 12 años ya tienen un pensamiento abstracto y requieren de orientaciones más complejas respecto al tema y, en el caso de los adolescentes, es probable que cuestionen la explicación que proviene de los padres, para luego tomar su propia postura.
Una oportunidad para aprender
Ante temas tan delicados, es inevitable que los padres emitan juicios de valor acerca de lo sucedido. Una recomendación para aprovechar las conversaciones que surjan de este hecho es fomentar valores positivos, como por ejemplo la solidaridad, la amistad, el compromiso, el hacer las cosas bien, entre otros.
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A la hora de dormir...
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Si el niño pide dormir con los padres, que lo haga con pijama y ojalá esto no se extienda más allá de unos pocos días. Esta excepción debe darse por el menor tiempo posible y plantearlo como un regaloneo, no como una prevención a los temblores. Retomar rutinas de lecturas de cuentos y rezar y acompañarlos hasta que se queden dormidos es una buena opción.
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Fuente: Karen Moenne, psicóloga equipo profesional Padresok.com / documentación La Tercera, El Mercurio de Santiago.
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