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Pura vitamina

Las verduras y frutas constituyen la mayor fuente natural de vitaminas para el bebé, principalmente C, E, K, niacina, ácido fólico y provitamina A. También aportan minerales, fibra, elementos antioxidantes y agua, además de otras cualidades específicas.

A partir de los seis meses de vida, los niños ya pueden comenzar a incorporarlas en forma natural en su dieta diaria, como un complemento a la lactancia materna -que hasta entonces fue exclusiva- pues su organismo está preparado para recibir otros alimentos. En este período, también se introducen progresivamente productos como la carne y los cereales.

Para asegurar la ingesta de los diversos tipos de vitaminas es fundamental proporcionar a los niños un gran abanico de posibilidades alimenticias, y no limitarse a aquellas frutas y verduras que -en primera instancia- fueron del agrado del menor.

Naturales: mucho mejor

Janet Cossio, nutricionista de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, recalca que “se debe tener claro que las vitaminas en cápsulas, por sí solas, no reemplazan el aporte natural que entregan las frutas y verduras, las cuales nos brindan mayores cantidades y posibles combinaciones de distintos tipos de vitaminas”. Sin embargo -agrega- pueden ser útiles para recuperarse de alguna carencia específica de vitaminas, “pero siempre como complemento de una alimentación variada y natural”.

Si el consumo de verduras y frutas diariamente es adecuado, no es necesario recurrir a la suplementación vitamínica en los niños mayores de un año. “Además, la industria de alimentos ha fortificado algunos con vitaminas y minerales, mejorando el aporte de estas sustancias y un ejemplo de ello son las fórmulas de inicio”, precisa esta especialista.
En cambio, en los menores de un año sí es necesario un suplemento de vitamina D -que se suministra en gotitas- porque la leche materna contiene un bajo aporte de este elemento. Respecto de las consecuencias de un déficit vitamínico, éste dependerá del tipo de vitamina ausente en la alimentación.

Como la profesional indica, “los signos y síntomas son múltiples y no siempre detectables. Se sabe, por ejemplo, que la deficiencia de vitamina A provoca ceguera y la de vitamina C, hemorragias, entre otros trastornos. Pueden existir alteraciones del sistema inmunológico y manifestaciones cutáneas”. Por eso, antes que curar lo mejor es prevenir, asegurando un con
sumo diario de estos alimentos.

Janet Cossio explica que a los seis meses madura por completo el mecanismo de deglución infantil, lo que permite realizar el cambio en la consistencia de los alimentos, que ya pueden ser más espesos. A partir de entonces, los niños deben consumir diariamente frutas y verduras, comenzando desde los 6 a 8 meses con 3/4 taza de papilla de verduras y 1/2 taza de papilla de frutas, aumentando paulatinamente estos volúmenes, para alcanzar al año de edad un aporte de 1 taza de puré de verduras y 1 taza de puré de frutas. “Lo que varía luego es la consistencia de estos productos, que debe pasar de un puré molido con tenedor a un picado”, precisa.

Al comienzo, lo recomendable es dar a la hora de almuerzo una papilla de puré suave, sin grumos ni trozos de fibra, para evitar que el niño rechace la alimentación. Esta papilla debe contener 1 cucharada de carne -posta, pavo o pollo sin grasa visible- verduras como zanahorias, acelgas o espinacas, papas, zapallo, arroz, sémola o fideos y aceite crudo al momento de servir.

“Una vez que el niño acepte por lo menos 1/2 taza de esta papilla, se deben incorpor paulatinamente otras verduras, una nueva cada día, entre ellas betarraga, zapallo italiano, porotos verdes, repollo, berenjena, brócoli y apio, entre otros, evitando dar choclo hasta después del año”. Afirma que se pueden usar algunos condimentos naturales como el ajo, orégano, comino y otros en pequeñas cantidades. “La idea es que el niño conozca variedad de texturas, sabores y colores, lo que le permitirá aceptar una mayor variedad de alimentos”.

Asimismo, es importante crear el hábito del consumo de ensalada desde los 12 meses, iniciando con el tomate, betarraga, zanahoria cocida y palta, y aumentando progresivamente la variedad.

En cuanto a las frutas, se aconseja servir ralladas las manzanas, peras, duraznos, damascos, plátanos (sin semillas en un comienzo), pepino dulce y naranja, e ir incorporando progresivamente otras variedades. “No es recomendable mezclar el postre con la comida para estimular la ingesta, ni reemplazar la fruta por yogurt u otro postre lácteo, porque con eso lo único que se conseguirá es que el niño adquiera un mayor gusto por los sabores dulces, pudiendo por ello rechazar las frutas, no cubriendo así el aporte de vitaminas y minerales que el niño necesita”, afirma la nutricionista.

Sólo cuando el menor tenga todos los molares, es decir, cerca de los 2 años de edad, será capaz de masticar alimentos más enteros pero blandos, por lo que las frutas con cáscaras pueden comenzar a introducirse recién a esta edad, paulatinamente.


¿Qué hacer con los regodeones?

Es un hecho que muchos pequeños se nieguen a comer frutas y verduras. Según los expertos, es normal y hasta esperable un rechazo inicial a los sabores, texturas y olores nuevos, por lo que debe reiterarse el ofrecimiento en dos o tres oportunidades, en días distintos. Si el rechazo persiste debe suspenderse temporalmente, e intentar de nuevo más adelante.

El doctor Carlos Castillo, pediatra y especialista en nutrición infantil del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, INTA, sostiene que “las primeras veces que un chico ingiere ciertas verduras tiende a rechazarlas, pero la segunda, la quinta o la décima vez aprenderá a tolerarlas, siempre que la mamá no convierta este asunto en un conflicto”.

La nutricionista de la Universidad Andrés Bello recomienda, como primer paso, acostumbrar a los hijos desde los 6 meses a consumir distintas variedades y sabores de verduras y frutas.

“Que el niño vea que en su hogar el consumo de estos alimentos es habitual y diario, porque hay que recordar que los padres son el modelo a seguir para el hijo. Se debe tener cuidado de no sustituir un alimento que el niño rechazó alguna vez por otro de mayor agrado, volver a entregárselo posteriormente de otra forma, y condicionar la entrega de los vegetales que le gustan sólo si prueba el que no le gustó”.

Asimismo, indica, se debe tener cuidado de no imponer ni obligar a los niños a comer con gritos o amenazas, porque esto dificulta el proceso de aprendizaje de nuevos platos o sabores. Estimular e incentivar sí, pero no forzar.

Hacer uso de la creatividad es otra herramienta útil. Puede presentar a su hijo los platos en forma divertida, con ingredientes que aporten vistosidad y colorido y refuercen el atractivo de las comidas, utilizando diferentes verduras para dibujar caras, paisajes y animales. Este tipo de truco llama la atención de los niños, que se fijarán más en la presen
tación del plato que en su contenido.

Para la cena puede preparar, por ejemplo, una pizza de frutas y/o verduras, intentando dibujar una cara, un animal o cualquier otra cosa. Si van de pic nic, lleve verduras cortadas en formas curiosas y prepare sándwiches con lechuga, tomate y zanahoria rallada, además de queso, jamón o atún, y córtelos en forma de rombos o círculos. Permitir que los pequeños participen en la elaboración de las comidas también puede incentivarlos.

Evite repetir las mismas verduras continuamente y no se limite a la típica ensalada de lechuga y tomate. Si no es posible reemplazarla, cocínela de distinta manera: como tortilla, como relleno de pasta o con arroz, al horno y con salsa de yogurt, entre otras alternativas. Cuando no le sea posible conseguir productos frescos, saque provecho de las verduras congeladas, para que las comidas siempre sean variadas.

Frutas y verduras: Más que nunca en verano

*Las frutas y verduras poseen un elevado contenido de agua, facilitando la eliminación de toxinas de nuestro organismo y ayudando a la hidratación, proceso importante en los niños especialmente en época de calor.


*Son la mejor fuente de vitaminas, en especial de la C, que se encuentra
sobre todo en frutos cítricos como la naranja y el kiwi.

*Son ricas en antioxidantes como el betacaroteno contenido en zanahorias, licopenos en el tomate, flavonoides en coliflor y brócoli, que ayudan a hacer más lento el proceso de envejecimiento.

*Distintas investigaciones avalan el efecto anticancerígeno que posee un adecuado consumo de verduras y frutas, junto con la prevención de enfermedades crónicas como diabetes, colesterol elevado, hemorroides y estreñimiento en la vida adulta.

Sugerencias refrescantes y vitamínicas

Combinar distintas frutas es una excelente opción para ofrecer a los niños postres de distinto sabor, con diferentes vitaminas y texturas en una misma ración.

Postre de melón tuna y plátano. El melón tuna es una fruta muy refrescante y dulce y hace una dupla perfecta con el plátano. Para prepararlo, basta con cortar una rodaja, retirar las semillas, quitar la corteza y procesarlo junto a trozos de plátano.

Postre de durazno, manzana y frutilla. Los duraznos y las frutillas deben estar bien maduras. Se le puede agregar cereal para bebés mezclado con un poco de leche o agua, para hacer el postre un poco más consistente. Se cuece la manzana al vapor por 6 minutos o hasta que esté tierna. Agregue el durazno y las frutillas y cocine durante 3 minutos más. Luego, procese las frutas cocidas hasta obtener un puré suave y agregue el cereal.

Melón y jugo de naranja. Esta combinación es muy nutritiva. Proporciona una alta dosis de vitamina C y contiene betacarotenos, que se convierten en vitamina A al consumirse (ambos son antioxidantes). Tiene un alto contenido de agua (rehidratante), es depurativo, además aporta calcio, magnesio, potasio y fósforo. Puede prepararlo como jugo o papilla.

Fuente: publicado en revista PadresOk, febrero de 2007.

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