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Medicamentos en tela de juicio: los dimes y diretes de los fármacos
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Nadie puede negar la angustia que sienten los padres cuando un hijo se enferma. Resfríos, fiebre, tos y dolores estomacales se convierten en motivo de gran preocupación y cualquier método que ayude a minimizar el sufrimiento del pequeño parece una alternativa viable. Sin embargo, la automedicación o el uso indebido de ciertos remedios puede agravar más el estado de salud del niño. Conozca los peligros de no seguir bien las indicaciones médicas
Actualmente en Chile es fácil adquirir medicamentos como descongestionantes, antitusivos o aquellos que ayudan a aliviar la fiebre, lo cual lejos de constituir un beneficio para los consumidores complica las cosas, especialmente si se trata de la salud de los más pequeños.
Con frecuencia, es posible oír conversaciones entre amigos, familiares o vecinos en las que se recomiendan uno y otro remedio que "dio tan buen resultado a Javierita" o que "es súper bueno para un montón de cosas", situación que según el doctor René Tejías, médico de la unidad de Cuidado Intensivo Pediátrico de Clínica las Condes, constituye una grave falta.
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"Cada vez más, la práctica pediátrica intenta disminuir la cantidad de medicamentos en los pacientes, pues prácticamente todos -por definición- pueden tener efectos adversos. Sin embargo, la automedicación es un pecado frecuente de nuestro tiempo que produce accidentes y cuadros clínicos graves, de difícil manejo. Por este motivo es muy importante que antes de recurrir a los 'secretos de la abuelita', se establezca una relación de confianza con el pediatra pues es la persona más indicada para la prescripción", señala el doctor.
Los remedios más utilizados
Entre los medicamentos más utilizados en niños se encuentran los analgésicos y antipiréticos, fármacos que ayudan a combatir la fiebre y a devolver el ánimo y bienestar al pequeño. Su exponente más común en Chile es el paracetamol, que aunque es excelente en este tratamiento, su uso indebido o en dosis muy elevadas puede resultar altamente dañino, pues produce una intoxicación silenciosa, es decir, no da señales hasta que ya es difícil dar vuelta atrás.
Además, es conveniente tener en cuenta que la fiebre puede ser sólo una de las manifestaciones de alguna enfermedad, por lo que se deben buscar otros síntomas asociados como dolor de garganta, oídos, vómitos, molestias al orinar, etc., y luego intentar disminuir las molestias, recurriendo primero a otras medidas como la aplicación de compresas de agua tibia en diferentes partes del cuerpo, dejando para el final el uso del medicamento, cuando la temperatura supera los 38.5º -rectal- ó 37.5º -axilar- y no ha disminuido con el otro tratamiento.
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Otro grupo importante en cuanto a uso masivo lo constituyen los antiinflamatorios no esteroidales entre los que se encuentran el ibuprofeno, diclofenaco, naproxeno, nimesulide y otros, que si bien pueden funcionar como eficaces antipiréticos, presentan efectos colaterales importantes, siendo muy frecuentes los problemas gástricos y, en casos de sobredosis, daño renal, hematológico y otros. En general, se recomienda no utilizar más allá del tiempo definido por el médico, que suele no sobrepasar los 4 días.
Un tercer grupo no menos importante está compuesto por los antitusivos, que actualmente tienen indicaciones muy restringidas en pediatría, pues la tos es un mecanismo natural para "botar flemas" y si se suprime dicho mecanismo, el niño no puede eliminarlas. Además, muchos de los jarabes utilizados para la tos contienen compuestos que resultan potencialmente nocivos para los niños. Por este motivo, se debe evitar su consumo, prefiriendo aquellos jarabes expectorantes, es decir que ayudan a eliminar la flema o bien suministrar abundante líquido al niño, pues esto facilita el mecanismo natural de eliminación.
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Dentro de este grupo se pueden considerar también los descongestionantes orales, cuya utilización está permitida siempre que sea prescrita por un médico, pues su uso sin cautela podría provocar arritmias, lo que según el doctor Tejías es bastante frecuente. "Los padres deben saber que la congestión es secundaria al cuadro que la origina, el cual es generalmente autolimitado y no requiere del uso de fármacos", advierte.
Asimismo, los antibióticos, deben ser recetados exclusivamente por un médico, respetando el tiempo que él señale como necesario, pues su abuso -además de los efectos colaterales- podría desencadenar una resistencia bacteriana y debilitar las defensas de un niño ante un nuevo cuadro del tipo del que se está tratando. Es fundamental que al momento de recetar un fármaco el médico converse con los padres acerca de la historia personal y familiar del niño, respecto a alergias o enfermedades importantes, y que los padres informen al profesional si el pequeño se encuentra en un tratamiento pues existe el riesgo de que la interacción entre algunos remedios provoque reacciones desfavorables.
Por su parte, los adultos deben tener la precaución de no dejar ningún medicamento al alcance de los niños, es decir, si es posible deben estar almacenados en una caja, frasco o mueble difícil de abrir y a una altura razonable a la que el niño no pueda acceder trepando.
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Fuente: artículo publicado en Revista PadresOk, octubre de 2003.
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