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Placenta: La fuente de la vida
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El rol de la placenta es fundamental. Definitivamente no podría haber un feto sin placenta", señala la doctora María Josefa Serón, profesora de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile y especialista en fisiología fetal y perinatal. Y es que este tejido de origen fetal cumple tantas funciones que bien podría considerársele 'la primera madre' del futuro bebé, porque lo acoge, lo protege, lo alimenta, lo limpia y lo provee de oxígeno desde el primer momento.
Pero más allá de servir de receptáculo protector del bebé, de suministrarle nutrientes, oxígeno y otros elementos provenientes de la madre, y de permitir la eliminación de los desechos, muchos de los cambios que se originan en el organismo femenino -como el aumento del tamaño de los pechos y su preparación para el período de lactancia y la suspensión de la ovulación, entre otros- son producto de las múltiples labores que realiza la placenta durante sus nueves meses de vida.
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El órgano vital
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La placenta comienza a formarse alrededor de las cuatro semanas de embarazo, aunque los tejidos que la conformarán ya están presentes a los pocos días de producida la fecundación. De hecho, los conocidos test de embarazo se basan en la presencia de una hormona producida por la futura placenta -denominada gonadotrofina coriónica- para determinar si la mujer está o no embarazada.
Una vez desarrollados los tejidos que la forman, se aferra fuertemente a la mucosa uterina, muy cerca de los vasos sanguíneos de la madre. De esta forma, la placenta, con el feto al interior, es capaz de mantenerse sujeta al vientre materno a pesar del creciente peso del bebé, protegerlo de probables golpes, saltos bruscos y aislarlo de la mayoría de los agentes
externos que pudieran dañarlo.
Está formada por una estructura con forma de disco, que al final del embarazo mide entre 15 y 20 centímetros de diámetro, tiene de 2 a 3 centímetros de espesor y pesa alrededor de medio kilo, cubriendo casi la totalidad del útero. Una vez nacido el bebé, la placenta, en condiciones normales, se desprende y sale del cuerpo materno gracias a pequeñas contracciones uterinas. Su análisis médico resulta muy útil en algunos casos, pues su forma, tamaño y color tienen la capacidad de advertir sobre alguna enfermedad que no fue detectada durante el embarazo.
La placenta también permite regular la temperatura en que se encuentra el futuro bebé, que en condiciones ideales es de 38° C. “El feto produce gran cantidad de calor producto de su constante actividad metabólica, entonces a través de la circulación placentaria puede eliminar el exceso de temperatura, permitiendo al feto sentirse confortable”, precisa María Josefa Serón.
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Placenta: Una gran aliada
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La especialista señala que además de todas estas funciones, la placenta facilita la adaptación de la fisiología materna a su nuevo estado. “Posee un efecto en la producción de las hormonas que ayudan a que la madre se adapte al embarazo, favorece el intercambio de gases entre la madre y el niño y permite que se generen los cambios circulatorios que se producen en el útero”, explica.
Se sabe además que algunas de sus células actúan para bloquear el sistema inmunológico de la madre, de modo que no reaccione contra la carga genética que aporta el padre al futuro hijo y no considere al embrión un cuerpo extraño.
A medida que avanza el tiempo, la placenta va aumentando de tamaño junto con el feto, respondiendo también a sus crecientes necesidades. Al final de la gestación, cuando se topan ambos crecimientos, este órgano va cediendo espacio a la nueva vida y comienza a envejecer. Sus últimos ‘respiros’ los da hasta que el médico corta el cordón umbilical -por donde transitan todos los elementos hacia y desde el feto- y el niño empieza a utilizar sus propios pulmones para obtener el oxígeno que necesita.
Los nutrientes, hormonas y principios activos que contiene en ese momento son tan valiosos que hoy en día son muy utilizados en cremas y tratamientos anti-edad. Paradójicamente, este órgano vital -después del parto y luego de su expulsión desde el útero-es eliminado, por lo que muchos le
han llamado “una maravilla desechable”.
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Fuente: Revista Padres Ok, Octubre 2004
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