Un tema que surge a menudo en la consulta
es la dificultad que presentan muchos
niños para relacionarse con sus pares.
Los padres y colegios solicitan “desarrollar
habilidades sociales”. En pocas palabras,
estos niños tienen dificultades para empatizar
con otros, resolver conflictos de manera
adecuada y trabajar en equipo. Las razones
por las cuales presentan estos problemas
son variadas y generalmente multi-causales
(es decir, se deben a una combinación de
factores), entre las que se cuentan variables
como personalidad, madurez neurológica,
calidad de los vínculos primarios y de las dinámicas
familiares y sociales.
Dentro de éstas, llama la atención un fenómeno
cada vez más común. Al indagar en
la historia del niño y en las características
de su vida diaria, se evidencia la escasez de
oportunidades que ha tenido para interactuar
con otros, en situaciones grupales no
dirigidas por adultos. Es decir, oportunidades
de juego libre, en las cuales adquirir y poner
en práctica las habilidades antes mencionadas.
Nuestras familias son cada vez más
pequeñas (recordemos que la tasa de natalidad
de las chilenas es de 1.9 hijos), con la
consecuente disminución de hermanos con
los cuales interactuar en el día a día. Recordemos
que también ha aumentado la cantidad
de hijos únicos.
Debido a las características de nuestra vida
y a la extensa jornada escolar que la mayor
parte de los colegios ha implementado, los
niños tienen pocas oportunidades de interactuar
con sus primos durante la semana,
por ejemplo, y la vida de barrio y los juegos
con los amigos son menos frecuentes. Así,
las interacciones con sus pares se limitan
al colegio. Y cabe preguntar, entonces, qué
cantidad de tiempo les ofrece ese espacio
para jugar de manera libre con otros niños…
¿30 minutos diarios?
Por otra parte, nuestro sistema educativo
separa a los niños por edades, incluso desde
el jardín infantil (transición 1, transición 2,
pre-kinder, kinder, etc). Incluso, los recreos se
programan en distintos patios o en horarios
diferidos. A los padres y profesores parece
preocuparles el que los pequeños interactúen
con mayores ¿por qué? Se olvidan que
tienen mucho que aprender de y con niños
de otras edades. Los más grandes aprenden
a observar a los más chicos y a diferenciar
las necesidades de cada uno, a hablarles y
tratarlos de manera cuidadosa (empatía); y
los pequeños a relacionarse adecuadamente
con los de más edad. Sus movimientos,
lenguaje y conocimientos son grandes estímulos.
Pero al carecer de estas instancias es difícil
que los niños tengan espacio para desarrollar
sus habilidades sociales. Y, a largo plazo,
nos encontramos con adultos que se convierten
en padres sin haber tenido que cuidar
nunca a un niño… Los mismos que después
requieren cursos para aprender a ser padres.
Entonces ¿qué debemos hacer para prevenir
los problemas de habilidades sociales de los
niños? Sólo proveerles de instancias de interacción
y juego con otros. ¿Desde cuándo?
Desde siempre.