El útero es un órgano principalmente formado por tejido muscular. Como todo músculo tiene actividad contráctil durante toda su vida, dentro y fuera del embarazo aunque habitualmente esto no es percibido por la mujer. Como es capaz de contraerse puede ejercer suficiente presión en su interior como para expulsar al exterior su contenido en algunas situaciones fisiológicas, como la menstruación y el parto.

En las etapas iniciales y hasta las 28 semanas, se registran las contracciones A o de Hermógenes Alvarez de muy baja intensidad y de escasa frecuencia y que no son percibidas por la embarazada. Entre las 28 semanas y el parto, aparecen las contracciones B o de Braxton Hicks que con frecuencia baja van aumentando a medida que se desarrolla el embarazo.

Estas contracciones irregulares se sienten como si los músculos del útero se anudaran y aunque son normales, a veces pueden ser dolorosas. Las contracciones de Braxton Hicks son más comunes por la tarde o por la noche, cuando se está más cansada, o luego de la actividad física o actividad sexual.

Estas contracciones obligan al cuello del útero a distenderse y más tarde obligan al niño a penetrar en el canal del parto, produciéndose el nacimiento. Esto es gracias en gran parte a factores hormonales. Durante todo el embarazo, la progesterona inhibe la contracción del útero impidiendo la expulsión del feto. Por otro lado, los estrógenos actúan aumentando su contractibilidad. Ambas hormonas se producen en cantidades cada vez mayores durante el embarazo, pero es a partir del séptimo mes en adelante cuando la secreción de estrógenos aumenta más que la secreción de progesterona. Por lo tanto, se piensa que la relación entre estrógenos y progesterona aumenta lo suficiente hacia el final del embarazo para explicar el aumento de la capacidad del útero para contraerse.

Por otro lado, la oxitocina es una hormona secretada por la hipófisis y cuya función específica es provocar la contracción del útero. Durante los últimos meses del embarazo, la respuesta del útero a una cantidad fija de oxitocina es unas 10 veces mayor que al principio. Su secreción aumenta mucho en el momento del parto.

Controlando las contracciones

La matrona Sandra Ramos, explica que es normal que la mujer comience a sentir las contracciones desde la semana 32. “El abdomen se pone duro y a muchas esto les resulta incómodo. Para las mujeres no es un dolor desconocido porque cuando dicen ‘me duelen los ovarios’ no es otra cosa que contracciones uterinas”.

Por esta razón, la especialista considera que de esta experiencia previa lo que varía es el umbral del dolor. “Todas somos diferentes frente al dolor, lo que para mí puede ser un pellizco para otras puede resultarle una cachetada. Incluso, en mi propio caso nunca tuve dolores fuertes y llegué a la clínica suficientemente dilatada para comenzar el parto”, remarca la matrona Ramos.

Sin embargo, no es normal tener contracciones seguidas (durante una hora sin desaparecer) antes de la semana 32. Por esta razón, muchos médicos proceden a monitorear las contracciones con el fin de controlar su comportamiento y la reacción del bebé.

Como en las contracciones se aprieta el abdomen llega menos sangre a la placenta y por lo tanto menos sangre al feto. “El bebé reacciona porque es como estar dentro de una caja que se aprieta. Pero es un proceso normal y la mayoría de las veces no existe sufrimiento fetal. Los latidos del bebé bajan, como reacción a la contracción”, agrega Sandra Ramos.

El monitoreo es un procedimiento importante, que determina las contracciones que tiene la embarazada, su intensidad y cómo repercuten en el bebé.

Las contracciones ‘de verdad’

Cuando se acerca la fecha de parto estimada, más o menos a las 38 semanas desde la última regla, las mujeres van sintiendo cada vez más las contracciones B. Los días previos al parto se pueden tener incluso contracciones cada 5 minutos, pero no constantes. Éstas sirven para que el cuello se vaya acortando (borrando) y finalmente se abra o dilate. Cuando se presentan durante una hora cada 10 minutos, significa que es hora de ir a un centro asistencial.

Sin embargo, se puede experimentar lo que comúnmente se conoce como parto falso. Muchas mujeres regresan a su casa porque todavía no hay indicios de parto, incluso teniendo dilatación dos. En este momento los médicos recomiendan tomar el tiempo entre una contracción y otra, para luego consultar con el médico o matrona.

Muchas veces las contracciones falsas se detienen cuando se cambia de posición o son irregulares. La matrona Ramos agrega que “se siente como el típico dolor de ovario, pero no son constantes. Es como el dolor de los cólicos, que vienen y se van”.

Eso sí se debe tener presente que hay mujeres que no sienten contracciones, pero que pueden haber comenzado su trabajo de parto. Si se rompe la bolsa de agua (ruptura de membranas) es necesario llamar inmediatamente a los especialistas para determinar los pasos a seguir.

Fuente: Artículo publicado en Revista PadresOk, noviembre 2003.