En los niños las emociones son espontáneas y puras. Por eso no resulta extraño verlos reír a carcajadas ante pequeñas cosas, sin embargo, también es común ver cómo a medida que crecen algunos van perdiendo esta capacidad, y son cada vez menos los momentos en que se muestran alegres.

En esto contribuyen en parte importante los adultos, ya que muchas veces prestan más atención a los niños cuando están tristes, enojados y de mal humor. Así como tomar en cuenta estas emociones es necesario, también lo es reforzar los momentos en que los niños expresan alegría y están de buen humor. Generar espacios de diversión, compartir experiencias placenteras y momentos de diversión con los niños, es otra tarea que los padres deben procurar hacer todos los días.

Risa sanadora

La risa es un poderoso mecanismo de defensa, una eficaz herramienta para enfrentar los conflictos y superar la adversidad. Cada vez que una persona ríe, se movilizan más de 400 músculos en todo el cuerpo, aumenta la frecuencia cardiaca, se duplica la actividad pulmonar mejorando el sistema de oxigenación, se activa el trabajo metabólico y el organismo libera gran cantidad de adrenalina y endorfinas, hormonas naturales que funcionan como analgésicos y tranquilizantes.

Como consecuencia, se reduce el estado de estrés, se descargan emociones y se mejora el ánimo. El buen humor y el optimismo se asocian a un sistema inmune fuerte y a la salud mental. Según Susana Bloch, psicóloga especializada en sicofisiología, la risa es la expresión máxima de la alegría, emoción básica y universal, que se presenta en los niños en forma pura, espontánea. “Los adultos no deben reprimir esta emoción sino que estimularla”. Agrega que para reír es esencial estar relajado, como ocurre naturalmente en los niños.

La psicóloga es autora del libro “Al Alba de las Emociones” (Grijalbo), y creadora del método Alba Emoting, conocido sistema, basado en estudios científicos, que permite no sólo distinguir las emociones a través de la respiración, sino también inducirlas. “Por medio de ritmos respiratorios que son particulares para cada emoción básica, se puede inducir el estado emocional correspondiente, incluyendo la risa. Aunque la situación no sea graciosa la persona puede sentir alegría, todo provocado por la respiración. Esto es particularmente útil para producir cambios de estado de ánimo a partir de una acción física voluntaria”, explica la experta.

Algunos especialistas sostienen que el poder de la risa es tal, que incluso podría ser un factor protector de enfermedades. El oncólogo venezolano Lisandro López Herrera plantea que las personas que ríen poco o carecen de sentido del humor son más propensas a padecer enfermedades graves como el cáncer. Según su tesis, el sufrimiento conduce casi inexorablemente a la enfermedad.

La risa a nivel cerebral

Un estudio realizado en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, publicado en la revista científica Neuron, afirma que una persona se siente bien cuando se ríe debido a que se activan los circuitos de recompensa en el cerebro. Luego de medir la actividad cerebral en voluntarios que leían chistes buenos y malos, se comprobó que estos circuitos se activan con la risa.

La investigación concluyó que la risa es importante para el bienestar físico y psíquico; una reacción que determina la forma en que se genera la amistad, el amor y el estrés. Por eso los especialistas afirman que es clave fomentar la risa y el buen humor en los niños.

Los científicos del aludido estudio explican que, pese a su importancia, aún no se conoce mucho sobre los mecanismos cerebrales que subyacen tras el humor y afirman que entenderlos puede ser fundamental para comprender diversos aspectos del comportamiento social. “Es probable que la gente con poco sentido del humor tenga problemas en estas áreas del cerebro”, dice el estudio de la universidad norteamericana.

Un humor diferente en cada etapa

Según los expertos, la risa y el humor aparecen muy temprano en el desarrollo. En los lactantes surge el aprender a sonreír en la medida en que las personas que les rodean les sonríen y se ríen con ellos. En un principio, los bebés lo hacen por imitación y luego aprenden a reír a carcajadas. A medida que crecen, comienzan a encontrar divertidas ciertas cosas, y entonces aplican el conocimiento que tienen de la facultad de reírse y logran hacerlo.

Sin embargo, los especialistas sostienen que en su sentido más estricto el humor aparece a los dos años de vida, cuando el niño comprende que algo inesperado e inhabitual ha sucedido. El pequeño puede reírse si ve a su papá haciendo morisquetas. Este hecho que puede provocar un ataque de risa al niño, se llama captación de las incongruencias físicas; que caracteriza al humor y que es lo que explica el porqué son tan graciosas las caricaturas.

El humor verbal aparece a los tres años, cuando el niño juega con las palabras: inventa, repite y esto puede causarle mucha risa. Para que el niño realmente disfrute situaciones de humor, éstas deben realizarse en un ambiente familiar de confianza. Si el pequeño siente la amenaza de un extraño, el temor puede apoderarse de él y en vez de la risa aparece el llanto.

Los expertos señalan que el humor juega un rol fundamental en el desarrollo intelectual. Un niño que aprende a ver lo absurdo de una situación o la forma inesperada en que termina otra, como ocurre en los chistes, está desarrollando su inteligencia abstracta y emocional.

Según expertos en el tema de la risa, hasta los seis años un niño ríe cerca de 300 veces al día de todo y por todo. Sin embargo, los adultos no suelen sonreír más de 100 veces y los menos alegres no pasan de 15.

Es por eso que los especialistas recomiendan desarrollar el humor en cada una de las etapas de los niños, para asegurar de cierta manera que cuando grandes sigan haciéndolo. Así también, estarán desarrollando en los hijos la capacidad de disfrutar de los pequeños detalles.

No al mal humor

Los niños aprenden a través del ejemplo, por lo tanto, es la familia quien les entrega las primeras enseñanzas de vida. Por eso, es importante fortalecer la expresión de la sonrisa como manifestación de optimismo y señal de que se disfrutan los propios logros, y también como una manera de enfrentar con esperanza las derrotas. Para lograr todo eso es fundamental la actitud de la familia.

La psicóloga Karina Reinhardt, terapeuta familiar especialista en niños y adolescentes de la Pontificia Universidad Católica, señala que “es muy común que aquellas familias en que los padres son optimistas y alegres, los hijos también lo sean. Pero esa imitación pasa por entregarles mensajes coherentes y una actitud de vida que les permita valerse de cosas simples para enfrentar grandes dificultades. Si un niño goza con pequeñas cosas como un atardecer, el vuelo de un pájaro o un arco iris, probablemente durante su adolescencia o adultez encontrará en esas mismas cosas una protección contra posibles depresiones, o las verá como
útiles recursos para superar sus frustraciones”.

Asimismo, es importante enseñarles que la risa debe darse en una actitud de respeto y generosidad, no como una forma de burla de las debilidades ajenas.

La casa de la risa

Incentivar el buen sentido del humor en los niños empieza con la propia actitud de los padres. Para lograr mantener un ambiente de alegría y relajación es importante que no digan frases como “ojalá pase luego este mal día”, o “me levanté con el pie izquierdo”.

Asimismo, es necesario tratar de no llegar malhumorado del trabajo, no ser serio la mayor parte del tiempo y no reír sólo con una película cómica o con un chiste. Recuerde que el sólo gesto de sonreír ayuda a encontrar la esperanza en momentos difíciles, distensa ambientes poco amigables y facilita el acercamiento entre las personas.

Si bien cada persona tiene su particular sentido del humor, lo importante es tratar de encontrarlo, incentivarlo, compartirlo y festejarlo. Para incentivar el sentido del humor en la familia pueden organizarse fiestas de disfraces, hacer guerras de cosquillas o de almohadones, ver películas cómicas, leer cómics, contar anécdotas de la infancia, recordar cosas divertidas que los hijos hacían y decían cuando eran bebés, y hacer muecas destacando los rasgos de cada uno: lo más lindo o lo más feo. Lo importante es comprender que más allá de un juego, la risa y el buen humor pueden proteger a los niños y hacerlos más felices ahora y en el futuro.