El tercer o cuarto día de llegado a la casa, el recién nacido vive una serie de fenómenos normales que los padres deben conocer para descartar posibles irregularidades. El doctor José Luis Martínez, jefe de Neonatología de la Clínica Las Condes, sostiene que durante el periodo de recién nacido -que se extiende hasta los 28 días de vida- los niños se comportan de manera especial y muy distinta a los meses siguientes. “Durante esta etapa los menores todavía tienen muchos mecanismos de adaptación, desde la vida intrauterina a la vida extrauterina, y si no son conocidos por los padres pueden confundirlos y alarmarlos de manera innecesaria”.

Por otra parte, es vital conocer qué situaciones escapan a la normalidad, ya que en los recién nacidos en cuestión de horas, una enfermedad puede evolucionar negativamente y complicar de manera importante el diagnóstico y tratamiento.

Rechazo a la alimentación

El doctor Martínez asegura que los recién nacidos tienen una excelente forma de avisar de alguna anormalidad a quienes le rodean. “El primer síntoma que indica que los menores se están enfermando de algo, es el rechazo de la alimentación. Si un bebé rechaza más de dos ‘papas’ seguidas, es algo absolutamente anormal y tiene que ser una señal de alerta para los padres, porque lo más probable es que esté incubando alguna enfermedad. Es importante saber que en las horas siguientes al rechazo de la alimentación, suelen aparecer otros síntomas, como fiebre, vómitos o lesiones en la piel, que orientan respecto de la enfermedad que pudiera presentar el pequeño”, señala el profesional.

En cualquiera de estos casos, los padres deben llamar al pediatra o recurrir a un servicio de urgencia. Como indica el doctor Martínez, “en un recién nacido los plazos son muy cortos. En un periodo de 6 horas se puede tener más o menos definido un cuadro, por lo tanto, no se puede esperar hasta el otro día para ver cómo evoluciona sin antes consultar con un profesional”.

Fiebre

Se considera fiebre en un menor cuando presenta una temperatura rectal sobre 37,5° o axilar más de 37°. El doctor Martínez afirma que es absolutamente anormal que un recién nacido tenga fiebre. “En un bebé, la fiebre debe motivar a que las mamás consulten lo antes posible con el pediatra. Nunca se puede esperar que ceda espontáneamente o con medicamentos, porque de esta manera es posible estar enmascarando alguna infección”, señala.

Pero no sólo es anormal una temperatura alta sino también una muy baja, es decir, menos de 36°, lo que se conoce como hipotermia y según el neonatólogo, “al igual que la fiebre, puede ser un síntoma de infección en el recién nacido”.

Para saber si el recién nacido tiene una temperatura normal, los padres nunca deben guiarse por las manos o los pies, ya que durante el primer mes de vida la circulación sanguínea es muy lenta y eso ocasiona que tanto las manos como los pies, permanezcan fríos la mayor parte del tiempo. Para saber si la temperatura es normal, se puede tocar el cuello del bebé o la cara y verificarla con el uso del termómetro. Además, el doctor Martínez señala que “el color pálido de la cara y del cuerpo o la presencia del color azulado, especialmente en los labios, son signos de enfermedad que requieren atención inmediata en un centro asistencial”.

Vómitos

La mayoría de los recién nacidos suele devolver un poco de leche después de alimentarse, lo que se conoce como regurgitación. Este fenómeno es normal y no presenta mayores complicaciones. Sin embargo, si el vómito es tardío en relación a la alimentación -después de una hora y media- o es reiterado, si tiene bilis con un color amarillo-verdoso, si le genera al niño decaimiento y se asocia a fiebre, debe ser motivo de consulta inmediata.

Diarrea

La diarrea infecciosa es muy poco frecuente en los recién nacidos, especialmente en los que son alimentados con leche materna, ya que les proporciona un mecanismo de defensa que previene las infecciones intestinales. Como señala el doctor Martínez, “cuando los menores son alimentados con leche materna las deposiciones son líquidas, frecuentes -generalmente después de cada toma- y de color amarillo oro. Sin embargo, si tiene más de 8 deposiciones al día, éstas dejan de tener el aspecto característico, se tornan de distintos colores -e incluso a veces con gotitas de sangre- y se suma a estos cambios un olor fuerte, se habla de diarrea”.

En el caso de los bebés que se alimentan con leche artificial, los riesgos de infecciones intestinales son mayores, porque no tienen el mecanismo de defensa que proporciona la leche materna. Por lo tanto, es necesario tomar precauciones como lavar muy bien las mamaderas y permanecer siempre con las manos limpias. “Lo normal en un recién nacido alimentado con relleno es que tiendan a ser estíticos, es decir, que no tengan más de dos o tres deposiciones al día. Si presenta deposiciones más frecuentes de lo habitual, lo más probable es que tenga diarrea y al igual que en el caso anterior, se debe consultar inmediatamente al pediatra y no dejar pasar las horas para ver cómo evoluciona”, afirma el profesional.

Ictericia

Es importante saber que la ictericia o piel amarilla se acepta como normal siempre y cuando no aumente en forma notoria, es decir, a simple vista, y cuando no se extienda a las extremidades inferiores, especialmente a los pies del niño. El doctor Martínez recomienda que en el caso de los niños que presentan ictericia, “la matrona o el pediatra deben explicarles muy bien a los padres cuál es el área de la piel que está amarilla, es decir, la distribución de la ictericia, para que sean capaces de reconocer por si solos si aumenta y cuándo deben consultar”.

Es importante que los papás sepan que si se ponen amarillos y aumenta ese color, especialmente en las extremidades inferiores, es mejor consultar porque es probable que el niño necesite un tratamiento en base a luz, lo que se conoce como fototerapia.

Manchas en la piel

El recién nacido frecuentemente presenta una serie de manchas rojas en la piel que aparecen y desaparecen -más aún en verano por el calor- y que se denominan ‘eritemas del recién nacido’. Según el doctor Martínez, son muy normales en esta etapa de la vida y en especial en los primeros 7 a 10 días. Duran alrededor de 5 a 7 días, por lo que no debiera generar mayor preocupación.

El pediatra comenta que muchas veces las mamás las confunden con pestes, pero señala que es muy raro que se produzcan en niños menores de 6 meses, especialmente si son alimentados con leche materna. Sin embargo, si las manchas se intensifican en color, intensidad o duración, es recomendable consultar con el pediatra.

Tos y estornudo

Según el pediatra, ambas son muy frecuentes durante los primeros días del recién nacido y son muy similares al estornudo por alergia, que no presenta mayor congestión. Muchas veces las mamás piensan que sus bebés están resfriados, pero no es así. Sin embargo, hay casos en que efectivamente presentan cuadros bronquiales agudos o infecciones respiratorias, situación en la que aparecen algunos elementos particulares junto a la tos. “Cuando el niño se llena de secreciones, se decae, deja de alimentarse o la respiración se hace ruidosa y agitada, es necesario consultar inmediatamente a un especialista”.

Somnolencia

Los recién nacidos duermen casi el 90% del día, por lo tanto, la mejor forma para detectar si hay alguna anormalidad es relacionarlo con la alimentación, según afirma el pediatra. “Si llega la hora de la papa y el niño despierta o está somnoliento mientras mama, es importante estar alerta. Un niño que tiene hambre comienza a mamar ávidamente y si después se duerme es normal. Es el inicio de la alimentación el que da la clave para saber si su estado es normal o si está enfermo”, afirma el especialista.

Fuente: extracto de artículo publicado en Revista PadresOk, Marzo 2003.