Existen muchos mitos y demasiadas opiniones en torno a la alimentación durante el primer año de vida. “¡Dale un poco de jugo a este niñito, que está muerto de sed!”, “¡Qué desabrido, con razón no come!”… Y es que en este nuevo paso del pequeño todos quieren participar y aportar con sus experiencias. Las abuelas se encargan de “recordar” cómo fueron criados los padres, los hermanos y amigos de qué fue lo que les dijeron a ellos cuando tuvieron a sus bebés y algunos cuantos de aportar con las últimas investigaciones que se han encontrado en la materia.

Sin embargo, es conveniente tener en cuenta una serie de recomendaciones para preservar la salud del niño y comenzar a inculcarle buenos hábitos desde pequeño. La doctora Maureen Rossel, pediatra de Clínica Las Condes, es enfática en señalar que esta primera etapa es fundamental en el desarrollo de la capacidad para ingerir alimentos de distintos sabores y texturas, pues mientras más tarde se inicie este proceso, más flojo se vuelve el niño para masticar y más reacio a los nuevos sabores.

“Según las normas de la Academia Americana de Pediatría, suscritas por la Sociedad Chilena de esta especialidad, hasta los 6 meses el niño debiera ser alimentado exclusivamente con lactancia materna o fórmulas lácteas similares a ella y, a partir de entonces, comenzar a introducir comidas en base a verduras que no produzcan problemas de alergias o cólicos, como zanahorias, papas, espinacas, porotos verdes y agregar también carne o pollo desgrasados. Luego, se deben ir incorporando otros alimentos, descartando aquellos que no son aconsejables durante el primer año de vida, ya sea por la inmadurez del organismo o por la composición del alimento mismo”, advierte la doctora Rossel.

La lista negra de los alimentos

Dentro de los alimentos considerados “no recomendables” o contraindicados antes del año de vida se encuentran:

Miel de abeja. A pesar de ser un buen alimento, no se recomienda su consumo hasta los 2 años, pues podría provocar botulismo infantil, una grave enfermedad que puede provocar parálisis del sistema nervioso e incluso la muerte.

Nueces y Maní. Aunque no está del todo comprobado, se ha observado un aumento de brotes alérgicos ocasionados por estos frutos. Además, se podría producir aspiración, es decir que en vez de tragar normalmente, el alimento se introduce en las vías respiratorias. Su consumo se recomienda pasados los 4 años.

Chocolates y saborizantes para la leche. No están indicados en la dieta infantil, pues poseen mucha grasa y azúcar, que resultan innecesarios. Además, el cacao provoca reacciones alérgicas en algunos niños.

Jugos envasados y bebidas de fantasía. No son necesarios en la alimentación de los menores, pues aportan mucha azúcar, generan malos hábitos y quitan el hambre para recibir los alimentos imprescindibles. Por otro lado, los preservantes o aditivos pueden irritar el organismo del bebé que aún se encuentra en desarrollo. Sin embargo, en casos específicos de constipación, se pueden dar al niño zumos de fruta natural, sin azúcar ni endulzantes. Para aliviar la sed cuando ha comenzado la alimentación sólida, se puede ofrecer agua hervida.

Leche entera. Durante el primer año, se debe privilegiar ante todo la leche materna y las fórmulas creadas especialmente para esta etapa del desarrollo, pues están enriquecidas con nutrientes específicos de acuerdo a las necesidades del pequeño, en cuanto a tolerancia gástrica, vitaminas y fierro. La leche entera, en cambio, sólo aporta grasas.

Frituras. Todos los “snacks” y las frituras caseras son inapropiadas para un niño, pues son muy dañinas y despiertan tempranamente el gusto por las grasas.

Sal. Es preferible no introducirla en las comidas del bebé, pues existe la posibilidad de que el niño presente una inmadurez renal. Además, la inclusión precoz de este elemento en la dieta se ha asociado a un aumento en el riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares en el adulto.

Azúcar y golosinas. No se requiere su aporte en la nutrición infantil, por lo que evitarla ayuda a prevenir problemas de obesidad o diabetes en la edad adulta.

Verduras Flatulentas. Como repollo, coliflor, alcachofa, espárragos y algunas frutas como las sandías y los melones, pues aumentan la aparición de cólicos.

Alimentos con colorantes rojos. Como jaleas y otros postres, pues son muy irritantes (tartrazina).
En general, los problemas de alergia pueden ser detectados una vez que el niño ha presentado un cuadro de intolerancia, ya sea a través de vómitos, diarrea o brotes en la piel, o bien, por antecedentes familiares. Para prevenir situaciones del primer caso, es recomendable que cada vez que introduzca un nuevo alimento comience por pequeñas porciones y sólo un alimento a la vez, esperando tres días antes de incluir otro. Cuando se trata de herencias familiares, es mejor evitar la ingesta hasta que haya pasado la edad crítica.
De esta manera, irá acostumbrando al pequeño a recibir nuevos alimentos a la vez que le otorga una dieta balanceada, para ser un niño sano y con energía.

Fuente: extracto de artículo publicado en Revista PadresOk, septiembre 2003.