Durante el embarazo las mujeres están más expuestas a sufrir caídas, ya que a medida que avanza la gestación cambia el centro de gravedad, el abdomen se va abultando y la columna cambia sus curvaturas. Lo importante es saber cuándo un golpe o una caída pueden poner en riesgo la salud del niño y su madre.

De acuerdo a un artículo publicado en el The Journal of Trauma, entre el 10 y el 30% de los traumatismos en el embarazo termina con la muerte materna y de éstos el 90% se acompaña también de muerte fetal o neonatal inmediata. Estas cifras se refieren a eventos violentos, principalmente accidentes de tránsito, que concentran la más alta mortalidad materna y fetal, 33% y 47% respectivamente.

El doctor Alonso Rioseco, gineco-obstetra del Hospital Clínico de la Universidad Católica, sostiene que las cifras mencionadas por este estudio corresponden a casos de traumatismos muy violentos o accidentes graves, donde el riesgo de la embarazada puede ser similar al de cualquier persona frente a un evento de esta magnitud. Sin embargo, el profesional también reconoce que durante el embarazo la mujer está más expuesta a sufrir accidentes, “porque a medida que avanza el embarazo, cambia el centro de gravedad, el abdomen se va abultando y la columna cambia sus curvaturas. Esto hace que sea más fácil tropezar o caerse. Por otra parte, la mujer va perdiendo su agilidad, lo que hace más fácil aún caer frente a un simple tropiezo”.

Asimismo, sostiene el especialista, es frecuente que la embarazada pueda sufrir ocasionalmente un mareo o incluso un desmayo. “Se debe a cambios de la presión arterial, en general, baja de la presión, la cual habitualmente ocurre por cambios bruscos de posición, por ejemplo, estando acostada, levantarse muy rápidamente y ponerse de pie”.

El instinto protector
Respecto al riesgo fetal frente a un accidente, lógicamente si el traumatismo pone en riesgo vital a la madre implicará un grave peligro también para el feto, salvo en casos de un embarazo cercano al término donde pueda efectuarse una cesárea de urgencia. Este procedimiento siempre se aconseja frente a un desprendimiento placentario, o también en caso de politraumatismo materno con riesgo fetal secundario, por ejemplo, shock hipovolémico, producto de una pérdida importante de sangre.

Pero para tranquilidad de las mujeres embarazadas, el doctor Rioseco sostiene que “el feto se encuentra protegido por el líquido amniótico que lo envuelve, el que genera un efecto amortiguador sobre golpes suaves o moderados que pueda recibir la madre en el abdomen. Frente a caídas, ella, por instinto propio, tenderá a defender a su hijo y se protegerá el abdomen sin importar las consecuencias que la caída tenga sobre si misma”.

El especialista agrega que, en general, las caídas o tropiezos no tienen consecuencias sobre el feto. “El riesgo real se produce cuando la madre sufre un traumatismo abdominal de mayor envergadura, es decir, en caso de recibir un golpe fuerte y directo sobre el abdomen. Esto puede ocurrir en un accidente automovilístico o atropello, en que el riesgo es que se produzca un desprendimiento de la placenta, lo que llevaría a una falta de la oxigenación fetal. En general, en muy pocos casos existen traumatismos directos sobre el feto”.


Fuente: artículo publicado en Revista PadresOk, diciembre de 2004.