A José no lo para nadie. Durante los escasos minutos que permanece sentado, mueve sus pies con insistencia y se balancea en la silla. En el colegio no es capaz de finalizar sus tareas ni tampoco de ser amistoso con sus compañeros de curso. A sus escasos seis años, ya es considerado un niño problema.

Desde pequeño fue inquieto, pero este rasgo de su personalidad se agudizó al entrar al colegio. Él es parte de ese treinta por ciento de escolares que es diagnosticado con déficit atencional. Éste se define como un trastorno de la conducta que se caracteriza por dificultades en la atención y concentración, así como impulsividad e hiperactividad, generalmente asociadas a un mal rendimiento en el colegio. Síntomas que en algunos niños disminuyen a medida que avanzan hacia la adolescencia, pero que de igual forma persisten en algún grado hasta la adultez.

Existen dos tipos de déficit atencional: con hiperactividad y sin ella.

Los niños con déficit atencional sin hiperactividad se distraen con facilidad, presentan dificultades para concentrarse en sus deberes escolares como también en los juegos. Son de esos menores que por lo general no terminan lo que empiezan y siempre llegan a casa diciendo que se les extravió algo. Son los “distraídos” del curso.

En cambio, los que sufren este trastorno y además son hiperactivos se caracterizan por ser extremadamente inquietos. Van de un lugar a otro, abren cajones y puertas, y se suben a sitios peligrosos. Además, se enojan con facilidad, molestan a otros niños y se frustran con rapidez cuando algo no les resulta o no se satisfacen sus pedidos. Más aún, actúan antes de pensar y tienen drásticos cambios de estado de ánimo.

Causas y pronóstico

Las causas de este trastorno son diversas y van desde inmadurez neurológica y desequilibrios químicos en el sistema nervioso central, hasta asfixia en el alumbramiento, partos prematuros o causas hereditarias. Pero igual de importantes son los factores ambientales, como una dinámica familiar alterada.

Por lo general, un niño con síndrome de déficit atencional será un adulto que se incline por una profesión de tipo creativa. Sin duda, no elegirá un trabajo que lo obligue a estar sentado por ocho horas.

Tratamiento

Si el profesor de su hijo lo llama y le sugiere que lo lleve a un especialista, no se alarme. Sin duda, un tratamiento médico aliviará los síntomas de este trastorno.

Generalmente se sugiere iniciar las consultas con un neurólogo infantil para que éste haga un diagnóstico y derive al menor hacia otros profesionales, como psicólogo o psicopedagogo.

Es probable que el neurólogo apoye el tratamiento con fármacos psicoestimulantes que disminuyen la hiperactividad, favorecen la capacidad de concentración y mejoran el autocontrol de los impulsos agresivos. Con ellos se logra la adaptación del niño al medio escolar y social, un mejor rendimiento académico y más motivación por el estudio.

No obstante, estos medicamentos podrían producir efectos colaterales como disminución del apetito e insomnio, por lo que es recomendable consultar al médico, y preguntarle si no producen acostumbramiento ni daños en el sistema nervioso del menor.

Al respecto la psicóloga infantil Paulina Müller sostiene que los remedios no bastan para tratar a estos niños. “Lo óptimo es una terapia multimodal. Las complicaciones neurológicas se abordan con medicamentos, que son un paliativo de los síntomas, pero no mejoran el problema a nivel psicológico”, advierte.

El tratamiento psicológico se orienta principalmente a ayudarlos a controlar sus impulsos dándole al niño estrategias para el manejo de distintas situaciones. “Un síndrome de déficit atencional mal manejado puede provocar una baja autoestima e inseguridad”, señala la profesional.

Y agrega que los menores que sufren este problema, al no respetar reglas y ser muy impulsivos, se exponen a ser sancionados y rechazados por quienes los rodean. Lo que obviamente les afecta. Durante la psicoterapia se busca que el niño conozca y aprecie sus aspectos positivos y habilidades.

Por otro lado, dada su historia de hiperactividad y dificultad en la atención y concentración, son niños que, por lo general, no han instaurado hábitos ni tienen técnicas de estudio, provocando en ocasiones un retraso escolar. Por lo tanto, un tratamiento psicopedagógico será de gran ayuda en estos casos al estabilizar el aprendizaje y rendimiento escolar.

Fuentes: Paula Pastor, psicopedagoga / Paulina Müller, psicóloga infantil Centro Amulén